El Senado de Brasil aprobó este miércoles la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, impulsada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a solo once días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. La propuesta, que es una enmienda a la Constitución, recibió el apoyo inesperado del candidato presidencial Jair Bolsonaro, quien cambió su postura ante la presión popular.
La aprobación se logró en dos votaciones consecutivas durante la misma sesión legislativa, donde Bolsonaro, aunque no estuvo presente, votó de forma telemática mientras participaba en actos de campaña en Porto Alegre. Su cambio de opinión generó críticas entre senadores del gobierno, quienes cuestionaron su «volatilidad de convicciones» y advirtieron sobre posibles retrocesos si es elegido.
Impacto de la medida
La portavoz del Gobierno en el Senado, Teresa Leitão, enfatizó la importancia de la votación y la necesidad de mantenerse vigilantes ante posibles retrocesos. El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, destacó que la medida beneficiará a «millones de personas de diferentes realidades del país».
Según los sindicatos, aproximadamente veintidós millones de trabajadores verán reducida su jornada laboral, lo que representa una reivindicación histórica de los sectores populares. Sin embargo, la reducción ha encontrado oposición en sectores productivos, como la Federación de Comercio de São Paulo, que advierte sobre un posible aumento del 22 % en el costo de la hora trabajada y la pérdida de hasta 1,2 millones de empleos.
El senador Randolfe Rodrigues, del Partido de los Trabajadores, defendió la medida, argumentando que Brasil se alinea con países más desarrollados como Finlandia, Australia y Alemania. Otros senadores de la oposición también apoyaron la propuesta, aunque criticaron las «prisas» y el uso del aparato estatal en el contexto electoral.

