El 1 de julio de 1990, Andy Hawkins, lanzador de los Yankees, realizó un juego completo sin permitir hits, pero perdió 4-0 contra los Chicago White Sox en el Comiskey Park. A pesar de su destacada actuación, su logro fue borrado de los libros de récords por la MLB un año después debido a un cambio en las reglas. Esta situación lo convirtió en el único lanzador en la historia del béisbol moderno que ha permitido cuatro carreras sin conceder un solo hit.
Hawkins mantuvo a los White Sox sin hits durante siete entradas, pero en la octava, la defensa de los Yankees colapsó. Un error del tercera base Mike Blowers y dos bases por bolas llenaron las almohadillas. Con dos outs, el jardinero izquierdo novato Jim Leyritz dejó caer un elevado fácil, permitiendo que anotaran tres carreras. Posteriormente, un elevado al jardín derecho, que Jesse Barfield no pudo atrapar debido al sol, resultó en una cuarta carrera sucia.
Como los White Sox jugaban en casa y tenían la ventaja al inicio de la novena entrada, no necesitaron volver a batear. Hawkins completó ocho entradas, y en ese momento, las reglas de la MLB consideraban cualquier juego completo sin hits como un no-hitter, lo que le permitió aparecer en los libros de récords a pesar de la derrota.
Cambio en las reglas de la MLB
Sin embargo, en septiembre de 1991, el Comité de Precisión Estadística de la MLB, bajo la presidencia de Fay Vincent, decidió estandarizar los registros históricos. El comité redefinió el concepto de juego sin hit, estableciendo que un lanzador debe completar al menos nueve entradas y no permitir ningún imparable durante todo el partido.
Esta nueva definición eliminó retroactivamente 50 juegos de la lista oficial de juegos sin hit, afectando principalmente a lanzadores que habían completado partidos acortados por la lluvia a principios del siglo XX. La norma también excluyó a lanzadores visitantes como Hawkins, que habían perdido juegos de ocho entradas sin permitir hits.
Hoy en día, Hawkins no es reconocido por un juego sin hit ni por un juego completo sin permitir carreras. Su caso se ha convertido en una singular y dolorosa anomalía estadística en el béisbol.

