La muerte de un joven a manos de un agente policial ha provocado dolor, indignación e incertidumbre en gran parte de la población dominicana. Este tipo de hechos deja una profunda huella en la salud mental colectiva, más allá de las investigaciones y responsabilidades legales que correspondan.
Cuando quienes tienen la responsabilidad de proteger son percibidos como una fuente de amenaza, se debilita la sensación de seguridad, un pilar fundamental del bienestar psicológico. Esto puede generar miedo, ansiedad, desconfianza hacia las instituciones y sentimientos de impotencia.
Impacto en la juventud
El abuso de poder no solo afecta a la víctima directa y a su familia, sino también a quienes observan el hecho. Esto es especialmente preocupante para los jóvenes, quienes pueden desarrollar una percepción de vulnerabilidad constante, creyendo que cualquier interacción con una figura de autoridad podría representar un riesgo.
Desde la psicología, estos acontecimientos pueden favorecer el desarrollo de estrés, hipervigilancia, ira, desesperanza e incluso síntomas compatibles con trauma colectivo. La repetición de estos hechos, especialmente si son ampliamente difundidos, puede normalizar el miedo y deteriorar la confianza social.
Necesidad de confianza institucional
Una sociedad emocionalmente saludable requiere instituciones que inspiren confianza, actúen con transparencia y rindan cuentas de sus acciones. La justicia, el respeto por la dignidad humana y el uso responsable de la autoridad son esenciales para fortalecer el bienestar psicológico de toda la comunidad.
Es fundamental que como ciudadanos expresemos nuestras emociones de manera responsable, evitemos la desinformación y promovamos espacios de diálogo que favorezcan la construcción de una cultura de respeto, legalidad y convivencia. La forma en que se ejerce el poder impacta no solo en los derechos individuales, sino también en la salud mental y la confianza de toda la sociedad.

