Giannina Azar y Gabriella Álvarez, Alicia Ortega y Jessica Hasbún, junto a Dagmar González y Sofía Hernández, comparten cómo el ejemplo, la disciplina y la pasión han conectado sus caminos profesionales. Estas historias de madres e hijas reflejan la influencia que el entorno familiar puede tener en la elección de carreras similares, desde la moda y el periodismo hasta la repostería.
La moda ha sido un pilar en la vida de Giannina Azar y su hija, Gabriella Álvarez. Gabriella creció rodeada de diseños y talleres, lo que despertó su interés por el diseño y el deseo de forjar su propio camino. Hoy, ambas comparten una pasión por la moda, aunque cada una lo hace desde su propia perspectiva.
Trayectorias paralelas
Giannina ha logrado consolidar una carrera reconocida a nivel internacional, mientras que Gabriella se destaca como directora creativa y fundadora de sus marcas, Alvazar Atelier y Santo Sunday Brand. Para Giannina, ver a su hija desarrollarse en un ámbito tan cercano es profundamente emocional. «Verla apasionarse por el arte y la moda me llena de felicidad», afirma.
Gabriella recuerda que lo que realmente la inspiró fue la pasión de su madre por sus sueños. «Entendí que quería formar parte de ese mundo y construir mi propio camino», dice. Ambas coinciden en que, aunque comparten sensibilidad artística, cada una tiene una visión única que complementa a la otra.
En la casa de Alicia Ortega y Jessica Hasbún, el periodismo ha sido el tema central de sus conversaciones. Aunque Alicia nunca imaginó que sus hijas trabajarían en medios de comunicación, hoy ambas están inmersas en este mundo, con Jessica enfocándose en el periodismo investigativo. «Tenerlas a ambas en SIN es un sueño hecho realidad», confiesa Alicia.
El legado del periodismo
Jessica, quien inicialmente planeaba dedicarse al Derecho, encontró su pasión en el periodismo tras colaborar en una investigación sobre mujeres afectadas por un falso cirujano plástico. «Ahí entendí el verdadero poder del periodismo», recuerda. A lo largo de los años, ha desarrollado su propia voz, aunque comparte con su madre la ética de trabajo y el compromiso con la verdad.
Alicia y Jessica han construido una dinámica en la que las ideas y diferencias fortalecen su trabajo conjunto. A pesar de que separar la vida familiar del trabajo puede ser complicado, ambas valoran la conexión que han creado. «El sacrificio que implica esta carrera se vuelve más llevadero cuando lo compartimos», dice Jessica.
Dagmar González ha hecho de la repostería creativa un legado familiar. Su hija, Sofía Hernández, también ha encontrado su camino en este ámbito, creando So Dough, una marca de galletas estilo Nueva York. Sofía creció observando el esfuerzo de su madre, lo que la llevó a desarrollar su propio estilo en la cocina.
Dagmar y Sofía han aprendido a combinar sus enfoques, fortaleciendo su relación a través de la cocina y el emprendimiento. «Cuando madre e hija comparten metas, la conexión se vuelve aún más especial», afirma Dagmar. Ambas están construyendo algo que va más allá de un negocio, llenándolo de amor y propósito.

