Muchos jóvenes hondureños, tras haber participado en varias elecciones, sienten que no están representados por la clase política. Esta población, que abarca entre los 12 y 30 años y representa cerca de 3.5 millones de los 10 millones de habitantes del país, vive entre el desencanto y la esperanza de un futuro mejor.
El presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) de la Universidad Nacional Autónoma (UNAH), Robinsson Hernández, indicó que muchos jóvenes no participan en política porque desconfían de las instituciones y del sistema democrático. Según él, han crecido observando corrupción, nepotismo y clientelismo político, lo que ha generado una falta de credibilidad en las instituciones.
Hernández también mencionó que las acciones de los políticos han llevado a un aumento del abstencionismo entre los jóvenes, reflejado en la escasez de espacios dedicados a este grupo. «Queremos estar en los espacios de toma de decisiones que ya existen, donde se toman las decisiones que cambian el rumbo de nuestro país», afirmó.
Perspectivas de la juventud
La opinión de Hernández fue compartida en un video durante el foro ‘Gobiernos del futuro: Expectativas de la Juventud’, organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En este evento, se reveló que el 83.7% de los participantes considera esencial una reforma institucional que garantice que la juventud se convierta en un «actor político central». Sin embargo, el 46% cree que el sistema democrático actual se mantendrá sin grandes cambios.
El líder estudiantil destacó que en 20 años serán los jóvenes actuales quienes ocuparán los espacios de poder. Si logran hacer «bien las cosas», los futuros gobiernos podrían ser más modernos e inclusivos. «Confío plenamente en la juventud actual de Honduras y Latinoamérica», enfatizó.
Desafíos y esperanzas
Por su parte, Diego Mejía, recién graduado en ingeniería industrial por la UNAH, señaló que los principales problemas que deben abordar las instituciones en Honduras son el medioambiente, la educación, la seguridad y el desempleo. Observa que los nuevos egresados enfrentan escasas oportunidades laborales, lo que complica su inserción en el mercado.
Mejía comentó que algunos profesionales tardan uno o dos años en conseguir empleo, y que muchos terminan trabajando en «call centers» o emigran en busca de mejores oportunidades. A pesar de estas dificultades, expresó su esperanza de que Honduras «salga adelante» y que en 20 años el país sea «tecnológico y moderno».
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