El caos vehicular en Santo Domingo, provocado por motoristas y talleres mecánicos, ha alcanzado niveles alarmantes, afectando la movilidad y la calidad de vida de los ciudadanos. La situación se extiende desde Villa Mella hasta el Malecón y de la Charles De Gaulle hasta Los Alcarrizos, donde el tránsito se ha vuelto un desorden generalizado. La Digesett enfrenta una carga abrumadora con más de 800 mil motocicletas y solo mil agentes en las calles de la capital.
Los motoristas, que constituyen la mayoría en las vías, han desafiado la autoridad, evidenciado por incidentes recientes que incluyen la muerte de un chofer de camión en Santiago y agresiones a conductores de autobuses escolares. Ante este panorama, se sugiere que el gobierno considere el apoyo de las fuerzas armadas para ayudar a la Digesett a restablecer el orden público, como lo establece la Constitución en casos de calamidad.
La falta de respeto por las normas de tránsito es evidente, ya que muchos motoristas ignoran los semáforos en rojo y transitan a alta velocidad por las aceras, poniendo en riesgo la vida de peatones. Esta conducta irresponsable ha llevado a la necesidad de incautar motocicletas que violan la ley, estableciendo un precedente para evitar futuros incumplimientos.
Además de los motoristas, otros vehículos pesados como camiones y furgones también contribuyen al caos, circulando a altas velocidades sin control. La ocupación de aceras por vehículos y mercancías impide que los peatones puedan caminar con seguridad, lo que agrava aún más la situación.
Los problemas se extienden a la infraestructura, donde camiones desparraman mezcla de cemento en las avenidas, endureciéndose y dificultando el tránsito. Esta situación se ha vuelto habitual, afectando a conductores de diversas categorías de vehículos.
La acumulación de basura en barrios y ensanches refleja la falta de acción de las autoridades, que parecen ignorar las necesidades de la población. La percepción de abandono se agrava, ya que las instituciones responsables no responden a los reclamos de los ciudadanos.
Las juntas de vecinos han reportado múltiples inconvenientes relacionados con el uso de calles, áreas verdes y servicios básicos, pero la respuesta de entidades como la Caasd, el Ayuntamiento y Digesett ha sido escasa. Esta falta de atención a los problemas cotidianos de los residentes contribuye al deterioro de la calidad de vida en la ciudad.
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