En un ambiente de profunda fe y comunión, la Renovación Carismática Católica Dominicana de la Diócesis Stella Maris llevó a cabo este domingo su gran encuentro diocesano, que culminó con la Santa Misa de Pentecostés a las 12:00 del mediodía en la Catedral Stella Maris, con una masiva participación de feligreses.
La jornada espiritual, que comenzó a las 11:00 de la mañana, reunió a fieles carismáticos de diversas parroquias bajo el lema: «Ven, Espíritu Santo, y renueva nuestros corazones para ser testigos de tu amor. ¡Juntos, un solo corazón en Cristo!». Monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa estuvo acompañado por autoridades eclesiásticas como el Padre Alejandro Valera y el Padre Eduardo Carrión, entre otros.
Homilía sobre la luz personal
Durante su homilía, Monseñor Ruiz reflexionó sobre el significado espiritual de Pentecostés, contrastando la presencia estática del Cirio Pascual con la dinámica del Espíritu Santo. Afirmó que cada creyente se convierte en la luz que Jesús encomendó ser, instando a la congregación a asumir su responsabilidad personal en la fe.
El obispo enfatizó que no se puede delegar la vida espiritual en otros, recordando que cada persona es responsable de mantener encendida su propia lámpara. «Ya no vale decir ‘yo no voy a la iglesia porque mi abuela es una santa’», subrayó, destacando que el Espíritu Santo se distribuye sobre cada creyente.
Dones para la evangelización
Monseñor Ruiz también hizo eco de las enseñanzas del apóstol San Pablo, recordando que el Espíritu de Dios otorga diversos dones a los creyentes para la misión. Exhortó a utilizar herramientas modernas, como las redes sociales, para evangelizar y comunicarse sobre Cristo.
El obispo resaltó la importancia de la escucha en un mundo ruidoso, indicando que escuchar con amor a quienes sufren es un acto misionero valioso. Además, invitó a los fieles a reflexionar sobre el valor de la vida tras la pandemia del COVID-19, instándolos a no desperdiciar su existencia.
Finalmente, Monseñor Ruiz de la Rosa instó a los feligreses a cuidar su fuego interior y a buscar la paz que Cristo resucitado ofreció a sus apóstoles. Concluyó animando a identificar la oscuridad en sus entornos y a presentarse con la luz del Señor resucitado, cerrando la jornada con el rezo del Credo en un ambiente renovado de fe.

