El grupo BTS ha generado un fenómeno social y político en México, evidenciando la influencia del Hallyu, o «ola coreana cultural», que ha permitido a Corea del Sur expandir su poder blando en el mundo. Más de 50,000 personas se reunieron en el Zócalo de la Ciudad de México para recibir a los integrantes de BTS, y dos días después, más de 70,000 fanáticos se congregaron en un estadio para disfrutar de su música.
Los seguidores del grupo, conocidos como ARMY, expresaron su descontento en redes sociales tras agotar las entradas para los conciertos en menos de 40 minutos. En respuesta, la presidenta de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, solicitó al grupo y al Gobierno surcoreano que se programaran más fechas de conciertos. BTS, en agradecimiento, visitó a Sheinbaum en el Palacio Nacional durante su estancia en el país.
La visita de BTS a la mandataria no fue un hecho aislado. Tras los conciertos, se llevó a cabo una reunión diplomática entre la presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores Asia-Pacífico de México, Yeidckol Polevnsky, y funcionarios surcoreanos, con el objetivo de fortalecer la colaboración en sectores como la industria automotriz y la tecnología. México es actualmente el principal socio comercial de Corea del Sur en América Latina.
Richard Salazar, en su libro sobre la relación entre Corea del Sur y América Latina, destaca cómo Corea del Sur ha evolucionado de ser uno de los países más pobres del mundo en 1953 a convertirse en una de las economías más poderosas. Este crecimiento se ha basado en la educación y la industrialización, así como en la inversión en investigación y desarrollo.
Desde finales de los años noventa, Corea del Sur ha impulsado la industria cultural a través del Hallyu, que ha contribuido significativamente a su economía. Nayelli López, académica de la UNAM, señala que la colaboración entre el gobierno y la iniciativa privada ha sido clave para el desarrollo de esta industria, que genera ingresos y promueve la imagen del país en el exterior.
La influencia de BTS también ha sido aprovechada por algunos políticos, como el secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, quien ha mostrado su afinidad por el K-pop. A nivel regional, países como Chile, Perú y Colombia han firmado tratados comerciales con Corea del Sur, mientras que otros, como Ecuador, están en negociaciones.
El K-pop ha encontrado un lugar en la cultura latinoamericana, aunque López advierte que la música que se exporta no representa la verdadera cultura surcoreana, sino que es un producto hibridizado. Esta industria ha cambiado las percepciones de género y ha presentado modelos de corporalidad que resuenan con muchos jóvenes en la región.
La influencia de BTS parece seguir creciendo, con planes de participación en eventos internacionales y un posible regreso a México en 2027. Esto plantea interrogantes sobre el uso de la popularidad del grupo como una plataforma para fortalecer los lazos comerciales entre México y Corea del Sur.
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