En República Dominicana, mujeres están denunciando públicamente la violencia que enfrentan antes de que se convierta en tragedia, utilizando redes sociales y medios de comunicación para visibilizar su sufrimiento. Este fenómeno surge en un contexto donde el país ha sido sacudido por recientes feminicidios, lo que ha llevado a muchas a buscar ayuda antes de que sea demasiado tarde.
Las denuncias incluyen casos de acoso constante, amenazas y agresiones que obligan a las víctimas a cambiar sus rutinas y hasta mudarse para escapar de sus agresores. Un video reciente mostró a una mujer siendo agredida por su expareja, mientras que otra joven reveló haber presentado múltiples querellas sin obtener la protección necesaria.
Detrás de estas publicaciones hay un profundo miedo y desesperación, ya que muchas víctimas sienten la necesidad de dejar constancia de su situación antes de que se agrave. La violencia hacia las mujeres no comienza con el feminicidio, sino mucho antes, cuando el miedo y el control se normalizan en las relaciones.
Durante años, comportamientos violentos han sido minimizados y confundidos con amor o celos, lo que ha llevado a que muchas mujeres convivan con señales de violencia que pueden escalar a consecuencias fatales. Por ello, el debate debe ir más allá de contar feminicidios; es esencial analizar el acoso previo y las denuncias ignoradas.
Las declaraciones recientes de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, y de la vicepresidenta Raquel Peña, sobre las fallas en el sistema de protección, reflejan la necesidad de un cambio. Muchas mujeres con órdenes de alejamiento viven aterrorizadas, sintiéndose solas y vulnerables mientras sus agresores actúan con impunidad.
Es fundamental que el sistema actúe antes de que ocurra una tragedia, fortaleciendo los mecanismos de seguimiento y garantizando protección efectiva. Además, se requiere un acompañamiento psicológico y una transformación cultural que no justifique la violencia.
A pesar de la dolorosa realidad, hay un rayo de esperanza: más mujeres están alzando la voz. La indignación colectiva por los feminicidios recientes ha impulsado a muchas a romper el silencio y utilizar plataformas digitales para alertar sobre situaciones de violencia.
Las redes sociales se han convertido en una herramienta de presión y visibilidad, aunque no sustituyen el trabajo institucional. El desafío es que estas voces no necesiten viralizarse para ser escuchadas, ya que la violencia contra la mujer es una crisis social que afecta a familias enteras.
La pregunta crítica que debe hacerse el país es cuántas alertas y gritos de auxilio se necesitan para entender que el peligro comienza mucho antes de la muerte.

