Funcionarios estadounidenses han detectado el almacenamiento de más de 300 drones militares en Cuba, lo que ha generado inquietud en Washington. La administración de EE. UU. sigue de cerca el fortalecimiento militar de la isla, tras reportes que indican que Cuba habría adquirido estos drones, principalmente de Rusia e Irán, y evalúa posibles escenarios de ataque contra intereses estadounidenses.
El informe señala que los drones han sido almacenados en puntos estratégicos de la isla y que, en las últimas semanas, autoridades cubanas han solicitado más equipos militares a Rusia. Funcionarios estadounidenses han expresado su preocupación por la cercanía de estas tecnologías, citando el riesgo que representan actores problemáticos como grupos terroristas y carteles de droga.
Advertencias de la CIA
El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó recientemente a Cuba para advertir a funcionarios de la isla sobre las posibles consecuencias de permitir acciones hostiles contra intereses estadounidenses. Ratcliffe dejó claro que Cuba no puede servir como plataforma para que adversarios impulsen agendas hostiles en el hemisferio occidental.
Además, las agencias de inteligencia estadounidenses han detectado el interés de funcionarios cubanos en aprender sobre tácticas militares utilizadas por Irán, especialmente en el uso de drones. Esta situación ha llevado a un aumento de la preocupación en Washington sobre la presencia de instalaciones de espionaje vinculadas a Rusia y China en territorio cubano.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, expresó que la presencia de adversarios extranjeros cerca de las costas de EE. UU. es altamente problemática. Según Hegseth, la situación se complica aún más por el hecho de que hasta 5,000 soldados cubanos han combatido junto a Rusia en la guerra en Ucrania, compartiendo experiencias sobre el uso de drones con mandos militares cubanos.
A pesar de las preocupaciones, funcionarios estadounidenses aclararon que no consideran a Cuba una amenaza militar inmediata ni creen que exista un plan activo de ataque contra territorio estadounidense. Sin embargo, la cercanía de la isla, a solo 90 millas de las costas de EE. UU., es un factor que genera inquietud en la administración estadounidense.
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