La flexibilización de los precios de los combustibles en Cuba comenzó este viernes con aumentos significativos en el costo de la gasolina y el diésel, sin que esto represente una mejora real para la mayoría de la población, que sigue enfrentando serias dificultades para acceder al carburante en medio de la crisis energética que vive la isla.
A pesar del anuncio oficial sobre la liberación de los precios minoristas del combustible, muchas gasolineras estatales en La Habana permanecieron vacías, evidenciando que el problema principal sigue siendo la escasez y no solo el valor del producto.
El Gobierno cubano informó que los combustibles dejarán de venderse a precios fijos establecidos por el Estado y se ajustarán según los costos de importación, que incluyen gastos de transporte, seguros y variaciones del mercado internacional.
Con la nueva medida, el litro de gasolina especial alcanzó los 2,60 dólares y el diésel subió a 2,20 dólares, prácticamente duplicando las tarifas anteriores. Estos precios, en el mercado informal cubano, representan una parte considerable del salario promedio mensual de los trabajadores de la isla.
Además de las estaciones estatales, algunas empresas privadas han comenzado a comercializar combustible, aunque a precios aún más elevados. En ciertos casos, los clientes deben firmar contratos con compras mínimas de cientos de litros para poder acceder al servicio.
Especialistas consideran que la apertura parcial al sector privado es un avance, aunque tardío, dado que la crisis de combustible y los apagones masivos afectan a Cuba desde hace varios años.
La isla enfrenta actualmente una severa crisis energética, agravada por las restricciones petroleras impuestas por Estados Unidos desde enero pasado. Los prolongados apagones, que en algunas zonas superan las 20 horas diarias, han incrementado el malestar social y provocado protestas en varias provincias cubanas.
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