Bélgica y Países Bajos se han consolidado como puertas estratégicas para las exportaciones dominicanas en Europa. Los cambios geopolíticos han llevado al país a diversificar sus mercados, identificando no solo nuevos destinos, sino también mercados que actúan como plataformas para el crecimiento.
A pesar de que la atención suele centrarse en países como España, Francia y Alemania, Bélgica y Países Bajos juegan un papel clave en las exportaciones dominicanas. Más de US$700 millones en exportaciones dominicanas transitan por los puertos de Rotterdam y Amberes, que son centros logísticos importantes en Europa.
Estos mercados no solo manejan productos como cacao, banano orgánico y dispositivos médicos, sino que también sirven como puertas de entrada a otros países europeos. Según el ITC, la República Dominicana tiene el potencial de aumentar significativamente sus exportaciones a través de estos mercados, incluso con los productos que ya comercializa.
Además del comercio, Bruselas es un centro de decisión política y económica en Europa, donde se discuten muchas decisiones que afectan las relaciones comerciales y el acceso a mercados. Por ello, es crucial que tanto el sector público como el privado fortalezcan sus relaciones y mantengan un diálogo continuo con actores europeos.
La relación con el Reino de los Países Bajos también tiene una dimensión caribeña, ya que existen vínculos comerciales y de cooperación en crecimiento. Este país lidera en áreas de interés para la República Dominicana, como alta tecnología, manejo de agua y sostenibilidad.
En un contexto donde los países revisan sus prioridades comerciales y de cooperación, la visibilidad estratégica se vuelve esencial. La República Dominicana debe competir desde sus fortalezas, buscando establecer relaciones robustas.
Iniciativas como la 1ra. Semana Dominicana en Bélgica y Países Bajos, que se llevará a cabo del 1 al 5 de junio, son un paso en la dirección correcta para proyectar al país y generar oportunidades de negocio e inversión.
La experiencia dominicana muestra que una visión compartida entre el sector público y privado puede llevar a resultados positivos, como se ha evidenciado en el crecimiento del turismo y la atracción de inversiones. La clave está en tener presencia en los mercados correctos y con la consistencia necesaria para convertir esa presencia en oportunidades.
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