El presidente Luis Abinader mantiene una valoración positiva, con un 51.7% de la población considerándolo un buen mandatario, a pesar de que el 62.9% de los dominicanos percibe que la economía está en mal estado. Esta situación se refleja en una encuesta de Gallup realizada entre el 28 de abril y el 1 de mayo de 2026, y se evidencia en la preocupación general de la ciudadanía.
A pesar del deterioro económico, donde el Producto Interno Bruto (PIB) real pasó de 5% en 2024 a 2.1% en 2025, Abinader ha logrado sostener su popularidad, lo que plantea una contradicción política. Normalmente, un mal desempeño económico afecta la imagen del presidente, pero en este caso, la figura presidencial se mantiene firme.
La economía dominicana ha enfrentado una desaceleración significativa, y el sector de la construcción ha sido uno de los más afectados, cerrando con un crecimiento negativo de -1.8%. Este retroceso tiene un efecto multiplicador en otros sectores, impactando el empleo y la actividad económica en general.
Otros sectores también han visto una disminución en su crecimiento en 2025 en comparación con 2024, como la manufactura local, que creció 1.4% frente a 4.3%, y el comercio, que pasó de 5.6% a 2.1%. Estos datos reflejan una tendencia preocupante en la economía del país.
La deuda externa también ha sido un tema delicado para el gobierno, aumentando de US$23.4 mil millones en 2019 a US$45.5 mil millones en 2025, lo que representa un crecimiento acumulado de 94.5%. Esta situación ha generado desconfianza entre la población, especialmente en relación a las promesas realizadas durante la campaña electoral.
El déficit del gobierno ha mostrado un aumento constante, alcanzando RD$283,636.5 millones en 2025. Estos números han alimentado la sensación de inseguridad económica, junto con la preocupación por posibles reformas fiscales y el aumento de impuestos.
La combinación del aumento de precios y la pérdida del poder adquisitivo ha intensificado la inquietud entre los ciudadanos. En este contexto, surge la pregunta sobre la estrategia que ha permitido a Abinader mantener su popularidad a pesar de la crisis económica.
La situación actual representa una paradoja en la política dominicana: un presidente que conserva un respaldo notable mientras enfrenta una economía que genera desconfianza y temor en la mayoría de la población.
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