La República Dominicana busca adaptarse a los cambios globales impulsando la innovación y la digitalización, en un contexto donde más del 60% del crecimiento económico mundial estará relacionado con estos factores, según el Fondo Monetario Internacional. A medida que otros países avanzan hacia economías basadas en inteligencia artificial y automatización, el país no puede quedarse rezagado.
Las cifras del Banco Central indican que las industrias de tecnología, telecomunicaciones y servicios digitales han experimentado un notable crecimiento en la economía dominicana. Además, más del 80% de los jóvenes en el país utiliza internet y redes sociales a diario, lo que refleja una generación más conectada y preparada para enfrentar los desafíos de la nueva era.
A pesar de estas oportunidades, muchas instituciones públicas aún operan con modelos obsoletos y desconectados de las necesidades actuales. Según la Oficina Nacional de Estadística (ONE), miles de jóvenes dominicanos enfrentan dificultades para acceder a formación tecnológica de calidad, especialmente en áreas como programación e inteligencia artificial, que son clave para los empleos mejor remunerados a nivel global.
La innovación implica no solo el uso de tecnología, sino también una transformación en la forma de pensar y resolver problemas. Un país moderno requiere instituciones más ágiles y servicios públicos eficientes, así como líderes que se adapten a los cambios globales.
La necesidad de un liderazgo moderno
El liderazgo debe basarse en tres pilares: innovación, preparación y sensibilidad social. No se trata solo de hablar del futuro, sino de construirlo desde ahora con políticas públicas concretas que respondan a las necesidades del presente.
La inteligencia artificial podría aportar más de 15 billones de dólares a la economía global para el año 2030, según PwC. Los países que inviertan en educación tecnológica y transformación digital serán los que lideren la economía del futuro, y la República Dominicana tiene el potencial para ser parte de esta conversación global.
Desde el Congreso, es fundamental impulsar iniciativas que preparen al país para competir en esta nueva realidad. Apostar por la educación STEM, fortalecer la legislación sobre tecnología y crear más oportunidades para los jóvenes son acciones que deben ser una prioridad nacional.
La nueva generación exige resultados, transparencia y líderes que comprendan el presente y el futuro. La República Dominicana tiene el potencial para convertirse en un referente regional en innovación y talento tecnológico, pero esto requiere una visión clara y un cambio en la mentalidad de liderazgo.
Transformar un país no solo implica adoptar nuevas tecnologías, sino también adoptar una nueva forma de liderar que responda a las demandas de la sociedad actual.
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