Los vocablos fulano, zutano, perencejo, mengano y perengano son utilizados para referirse a personas cuyo nombre se omite por diversas razones, principalmente para no revelar información a quienes no son parte de la conversación. Estos términos tienen un uso histórico que se remonta incluso a la época de Jesucristo, quien utilizó «fulano» para referirse a la persona en cuya casa celebraría la última cena.
El artículo busca aclarar que estas palabras se escriben con inicial minúscula, aunque poseen un significado específico. El término más común en el habla dominicana es «fulano», que proviene del árabe hispánico «fulán», y se define como alguien cuyo nombre se desconoce o no se desea expresar, así como una persona indeterminada o imaginaria. Sus sinónimos incluyen tipo, sujeto, individuo, y otros términos similares.
En algunos contextos, «fulano» puede usarse de manera despectiva, y su forma femenina, «fulana», se asocia con términos peyorativos como prostituta o meretriz. Por su parte, «zutano» se relaciona con «citano» y se utiliza de manera similar a «fulano», refiriéndose a alguien cuyo nombre se ignora tras haber mencionado a otras personas indeterminadas.
La etimología de «mengano» sugiere que proviene del árabe hispánico «man kán», que significa «quien sea». Este término se usa en el mismo contexto que «fulano» y «zutano», pero siempre en relación con otros nombres mencionados. En cuanto a «perengano», se considera que podría ser una combinación de los nombres «Pere» o «Pérez» con «mengano», manteniendo una definición similar a los términos anteriores.
El término «perencejo», muy utilizado en el habla dominicana, también se refiere a lo mismo que «perengano», y comparte sinónimos con los otros vocablos mencionados. La Ortografía de la lengua española establece que estos términos deben escribirse con minúscula cuando se utilizan de manera genérica para referirse a personas cuyo nombre se desconoce.
Se ejemplifica su uso en frases cotidianas, como en el caso de relatos sobre sucesos donde se menciona a «fulano» o «zutano» en situaciones específicas. La única excepción para escribirlos con mayúscula es cuando forman parte de una denominación genérica ficticia, como «Fulano de Tal».
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