Los koalas, un símbolo de Australia, están bajando de los árboles para beber agua de aspersores y piscinas, un comportamiento que preocupa a los científicos debido a las olas de calor extremas que afectan a la especie. Este cambio en el comportamiento refleja el impacto del cambio climático, que ha alterado la forma en que estos animales obtienen agua. La investigadora Valentina Mella, de la Universidad de Sídney, señala que este fenómeno es alarmante y contradice la creencia de que los koalas solo necesitan agua de las hojas de eucalipto.
Australia ha experimentado un aumento de temperatura de aproximadamente 1.5 grados desde 1910, según la Oficina de Meteorología, lo que ha llevado a olas de calor más frecuentes e intensas. Además, la destrucción del hábitat, la presencia de carreteras, los ataques de perros y enfermedades como la clamidia han contribuido a la disminución de la población de koalas, que fue declarada «en peligro» por el Gobierno australiano en 2022.
Impacto del calor en la población de koalas
Mella ha estado investigando a los koalas en Gunnedah, Nueva Gales del Sur, donde la población había crecido hasta que una ola de calor en 2009 causó la muerte de aproximadamente el 25 % de los koalas en la zona. Desde entonces, la población ha seguido disminuyendo, y para 2023, el 75 % de las hembras eran infértiles, quedando apenas tres koalas en el área.
Durante sus investigaciones, Mella observó que los koalas se sentaban sobre aspersores y bebían de bebederos para pájaros. Esto llevó a la instalación de estaciones de agua y cámaras para confirmar que los koalas efectivamente consumen agua, no solo en días calurosos, sino de manera regular.
Los estudios también han revelado que los koalas intentan adaptarse al calor extremo abrazando los troncos de los árboles para regular su temperatura corporal y buscando áreas de sombra. Mella destaca que pueden soportar temperaturas corporales cercanas a los 41 grados, lo cual es notable para un mamífero.
Desafíos para la conservación
Mientras algunos investigadores se centran en la adaptación de los koalas al calor, otros, como la genetista Carolyn Hogg, analizan la diversidad genética de la especie. Hogg lidera un proyecto en la Universidad de Sídney que ha secuenciado más de 800 genomas de koalas de diversas regiones de Australia, advirtiendo que la fragmentación de sus hábitats por carreteras y desarrollo urbano representa un grave problema.
La Pacific Highway, que conecta Sídney con Brisbane, ha creado una barrera peligrosa para los koalas, resultando en numerosos atropellos. Los científicos temen que algunas poblaciones estén quedando aisladas, lo que limita su capacidad de adaptación y aumenta el riesgo de extinción.
En el Hospital de Salud y Conservación de Fauna Salvaje de la Universidad de Sídney, inaugurado en 2023, se atienden koalas atropellados y deshidratados. Este centro trata más de mil animales al año, de los cuales alrededor del 40 % son koalas, y cada uno recibe atención exhaustiva antes de ser liberado.
Las estimaciones sobre la población de koalas varían, pero el Programa Nacional de Monitoreo del Koala sitúa su número entre 398,000 y 569,000 en Queensland, Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana. Sin embargo, algunas poblaciones locales están al borde de la extinción, lo que resalta la urgencia de proteger su hábitat y garantizar el acceso al agua durante las olas de calor.
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