Desde el siglo XII, se promovió la figura del trabajador comprometido con la estabilidad social, dando inicio al movimiento josefino a través del culto al Patriarca San José. Este enfoque fue resaltado por el pensador medieval Gerson en el Concilio Ecuménico de Constanza (1411-1414), y en el siglo XV se estableció la Fiesta Litúrgica de San José, destacando su labor como un trabajador responsable y honesto.
Santa Teresa de Jesús, una figura clave en la promoción de la paternidad y el trabajo, destacó la importancia de San José, afirmando que siempre le concedía lo que pedía. A partir del siglo XVI, San José se convirtió en un modelo de esposo fiel y ciudadano ejemplar, defensor de las leyes y la autoridad local.
Devoción y reconocimiento
La orden de los franciscanos comenzó a celebrar la fiesta de San José con aprobación pontificia, enfatizando su matrimonio con la Virgen María. San Bernardino de Siena, un Doctor de la Iglesia, también contribuyó a la devoción hacia San José, resaltando su papel en la Sagrada Familia como un hogar santo.
La tradición josefina se consolidó con el Beato Pío IX, quien en 1847 aprobó la Fiesta de San José como Patrono de la Iglesia Universal. Esta protección se vio reforzada en el I Concilio Ecuménico Vaticano I, donde los obispos solicitaron que San José fuera declarado Patrono de la Iglesia Universal, lo que se concretó en medio de la crisis de los Estados Pontificios.
Legado y enseñanzas
León XIII fue el primer papa en publicar una encíclica dedicada a San José, y sus sucesores, como San Juan Pablo II y Francisco, continuaron esta tradición con escritos que resaltan su papel como Patrono de los imposibles y modelo de padre de familia. San José, considerado el segundo santo más importante después de la Virgen María, ofrece lecciones sobre el estilo de vida de los hijos de Dios y la importancia del trabajo.
La espiritualidad josefina, con profundas raíces antropológicas, es esencial para la estabilidad y progreso social. En futuras entregas se abordará la grave situación actual de los dominicanos, marcada por el disfrute excesivo y la pérdida del sentido del sacrificio y la dedicación al trabajo.
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