La libertad de expresión es un pilar fundamental en las sociedades democráticas, pero enfrenta límites que, si se ignoran, pueden llevar al desorden social. En la actualidad, se observa un fenómeno preocupante donde la libre expresión se distorsiona, afectando la convivencia y el respeto por el orden establecido.
Cada vez más, individuos y grupos utilizan erróneamente este derecho como un escudo para difamar, lanzar acusaciones infundadas y generar incertidumbre en áreas críticas que impactan la seguridad jurídica. No se busca censurar la crítica, sino señalar que el uso irresponsable de la palabra tiene consecuencias, ya que la libertad de expresión no ampara la difamación ni la alteración del orden público.
Consecuencias de la mala interpretación
Es alarmante la normalización de conductas que sobrepasan los límites institucionales. En nombre de la defensa de derechos, algunas personas se autoproclaman autoridades, invadiendo propiedades privadas y dictando juicios desde plataformas digitales, como si reemplazaran a los tribunales. Estas acciones son ilegales y ponen en riesgo el Estado de derecho, socavando principios como el debido proceso y la presunción de inocencia.
Una sociedad no puede sostenerse sobre la anarquía del discurso. Es esencial recuperar el equilibrio que caracteriza a un Estado social y democrático de derecho, donde la libertad se ejerza con responsabilidad y el ejercicio de derechos no implique la negación de los derechos ajenos.
Un llamado a la responsabilidad
Este mensaje no es un llamado al silencio, sino a la madurez en la expresión de ideas. Es posible comunicar sin excesos y evitar consecuencias legales, siempre que se estudie y comprenda el marco jurídico. Solo así la libertad de expresión podrá cumplir su verdadero propósito: fortalecer la democracia en lugar de debilitarla.
El autor es pasado rector de la Universidad Nacional para la Defensa y de la Universidad del Caribe, actual presidente de la Hermandad de Veteranos y de la Alianza Mundial de Veteranos.
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