El miércoles 29 se conmemoró el 150 aniversario del gobierno de Ulises Francisco Espaillat, un evento que la Presidencia de la República celebró con diversos actos. Uno de los momentos más destacados fue la condecoración póstuma del exgobernante, en la que el presidente Luis Abinader pronunció un discurso centrado en la ética en la política.
Durante su intervención, Abinader afirmó que la fecha trasciende el calendario y se instala en la conciencia de la República. En este Día de la Ética, se recordó no solo el legado de Espaillat, sino también la necesidad de reflexionar sobre lo que su ejemplo exige en la actualidad.
El presidente subrayó que la ética no es una noción cómoda, sino que incomoda y exige responsabilidad. «La ética no se proclama: se practica», enfatizó, destacando que se demuestra en los momentos más difíciles.
Abinader recordó que Espaillat gobernó en un contexto de inestabilidad y tensiones políticas, pero eligió el camino de la integridad. Rechazó el uso del poder para fines personales y defendió la austeridad en la función pública, insistiendo en que el Estado debía ser administrado con pulcritud y respeto a la ley.
El presidente resaltó que Espaillat consideraba sagrados los recursos públicos, que pertenecen al pueblo, y que no había lugar para el privilegio, la arbitrariedad o la corrupción. Para él, gobernar era un acto de responsabilidad moral y un compromiso con el interés general.
Uno de los gestos más significativos de Espaillat fue su renuncia al poder cuando comprendió que no podía gobernar con los principios que consideraba irrenunciables. Abinader destacó que, aunque pudo aferrarse al cargo, optó por dejarlo en lugar de traicionar sus convicciones.
Este acto de renuncia, más allá de cualquier decreto o reforma, consagró a Espaillat como un referente ético para la nación. Su legado nos enseña que el ejemplo puede ser la herramienta más poderosa para la transformación social.

