Cuando llueve en Santo Domingo, la ciudad parece detenerse. Las calles se convierten en ríos, los sistemas de drenaje no logran manejar el volumen de agua y el tránsito se colapsa.
En este escenario, los más vulnerables son quienes más sufren, y lo alarmante es que esta situación se ha vuelto parte de nuestra normalidad.
El problema de las inundaciones va más allá de un simple sector. Cuando hay lluvias intensas, el Malecón se inunda, lo cual resulta absurdo, y los pasos a desnivel se llenan de agua, afectando las infraestructuras que deberían mantener la funcionalidad de la ciudad.
Cuando estas estructuras fallan, todo el sistema se ve comprometido.
La ciudad que hemos construido
La lluvia en sí no es el problema principal. El verdadero desafío radica en la ciudad que hemos desarrollado a lo largo de los años.
Hemos cubierto el suelo con concreto y asfalto, eliminando su capacidad natural de absorber el agua, lo que provoca que, al caer la lluvia, el agua no tenga adónde ir.
En Europa, ciudades como Copenhague han comprendido que no se trata solo de drenar el agua más rápido, sino de retenerla de manera efectiva.
Han apostado por aumentar la cantidad de árboles y espacios verdes, lo que no solo embellece la ciudad, sino que también ayuda a absorber agua, proporciona sombra y contribuye a enfriar el ambiente.
Además, han transformado sus parques para que, en días normales, sean lugares de encuentro, pero que también funcionen como zonas de retención de agua durante fuertes lluvias.
Han sustituido pavimentos tradicionales por materiales que permiten la infiltración del agua, evitando su escurrimiento descontrolado.
Un enfoque integral para la gestión del agua
En Rotterdam, por ejemplo, las plazas se llenan de agua durante las lluvias, pero luego regresan a la normalidad.
En América Latina, Medellín ha implementado corredores verdes que no solo gestionan mejor el agua, sino que también ayudan a reducir la temperatura de la ciudad.
En Asia, ciudades como Singapur han integrado políticas públicas que promueven pavimentos permeables y techos verdes.
Estas ciudades han entendido que el agua no debe ser combatida, sino gestionada. La idea de una ciudad esponja implica absorber, retener y aprovechar el agua de lluvia, en lugar de intentar eliminarla a la fuerza, lo que lleva al colapso.
Santo Domingo tiene la capacidad de implementar estos cambios y realmente lo necesita. Sabemos dónde se inunda, qué sistemas de drenaje fallan y cuáles calles se vuelven intransitables con la primera lluvia.
El diagnóstico es claro, y lo que falta es la acción.
No es necesario esperar grandes obras para comenzar. Se pueden realizar mejoras desde ahora, calle por calle, diseñando espacios públicos que permitan la infiltración del agua y creando jardines de lluvia en cañadas.
También es posible transformar terrenos vacíos en parques que retengan agua cuando sea necesario.
La incorporación de más árboles y vegetación no solo es estética, sino que también actúa como un drenaje natural y mejora la calidad de vida.
Además, se pueden promover techos verdes en escuelas y edificios públicos, así como desarrollar corredores verdes que conecten la ciudad y ayuden a manejar el agua.
La creciente temperatura en Santo Domingo es otro aspecto que no se puede ignorar. El exceso de concreto genera islas de calor y afecta la calidad de vida.
Integrar más vegetación no solo ayuda a mitigar las inundaciones, sino que también hace la ciudad más fresca y habitable.
Es fundamental que nuestras normas incluyan la infraestructura verde como un requisito en la construcción de la ciudad.
Las juntas de vecinos son clave para identificar dónde se acumula el agua y qué soluciones son necesarias.
Involucrarlas es una cuestión de sentido común.
Una ciudad que se prepara para la lluvia protege a su población. Una ciudad que integra la naturaleza respira mejor.
Santo Domingo, con su historia ligada al agua, tiene la oportunidad de convertirse en una ciudad esponja, no solo como respuesta al cambio climático, sino como un camino hacia una mejor calidad de vida.
Transformar una ciudad se logra calle por calle, y a través de estas transformaciones, se puede cambiar un país.
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