Desde diciembre de 1976, cuando publiqué mi primer libro, el poemario «Pesada atmósfera», he dedicado mi vida a la literatura.
A lo largo de 51 años, he publicado más de treinta obras, la mayoría de forma autoeditada.
Esta experiencia me permite reflexionar sobre la situación actual de los escritores dominicanos, quienes enfrentan una profunda orfandad en el ámbito literario.
Para ilustrar esta problemática, comparo nuestra realidad con la de Noruega, un país donde los escritores son tratados con dignidad.
En Noruega, la cultura está impregnada de un espíritu de igualdad y un fuerte respaldo gubernamental a las artes, lo que contrasta con la situación en la República Dominicana.
A pesar de los años transcurridos, el diagnóstico sobre la ineditez de los autores dominicanos sigue siendo el mismo.
En mi discurso de 2005, ya denunciaba la falta de apoyo estatal para la publicación de obras literarias.
Hoy, el Estado dominicano continúa ofreciendo solo aplausos y empleos nominales, mientras que Noruega establece contratos concretos para sus escritores.
El modelo noruego: la literatura como infraestructura
En Noruega, el Ministerio de Cultura e Igualdad considera la literatura como una infraestructura vital.
Cada vez que una biblioteca presta un libro, el autor recibe una compensación. En 2016, este sistema distribuyó 11.6 millones de euros a los escritores.
En contraste, en la República Dominicana, las obras pueden circular en la Red de Bibliotecas Públicas sin que el autor reciba compensación alguna.
Además, el Consejo de las Artes noruego adquiere 1,000 ejemplares de cada nueva novela de autores nativos para distribuir en bibliotecas.
Por otro lado, los escritores dominicanos deben recurrir a contactos y favores para que se compren incluso 20 ejemplares de sus obras.
El apoyo económico en Noruega es significativo, con hasta 25,000 euros anuales para que los autores se dediquen exclusivamente a escribir.
En la República Dominicana, los escritores a menudo deben pluriemplearse, lo que fragmenta su tiempo y energía creativa, convirtiendo su labor en un acto de supervivencia.
Desafíos de los escritores dominicanos
La mayoría de los escritores dominicanos no obtienen ingresos de sus obras, ya que el país carece de las infraestructuras necesarias para una comercialización efectiva.
Su sustento proviene de la docencia o empleos en el sector público, lo que limita su capacidad de creación.
Ante la falta de apoyo, muchos se ven forzados a la autoedición, a menudo incurriendo en deudas personales.
Este proceso, aunque heroico, puede resultar financieramente devastador, ya que el libro nace de sacrificios económicos en lugar de ser el resultado de una industria literaria protegida.
No pido que el Estado dominicano replique el modelo noruego, sino que reconozca la necesidad de valorar y apoyar a sus escritores.
Es crucial pasar de una cultura de clientelismo a una de contratos por creación, para que el índice bibliográfico del país refleje el verdadero valor cultural de sus autores.

