La ministra de Interior y Policía, Faride Raful, ha destacado un problema crítico en la convivencia urbana de Santo Domingo: la conducta de muchos motoristas en las calles.
Este tema, aunque visible, ha sido tolerado durante demasiado tiempo.
Raful afirmó que el uso de motocicletas representa uno de los principales desafíos de seguridad ciudadana.
Esto se debe a su relación con diversos problemas que afectan el orden público y la convivencia social.
Estadísticas indican que las motocicletas están frecuentemente involucradas en accidentes de tránsito y son utilizadas en robos.
Aunque hay muchos ciudadanos que utilizan las motos de manera responsable, también existe un grupo que ha convertido las calles en un espacio sin reglas.
Un fenómeno social insostenible
La ministra señala que la situación ha alcanzado un punto insostenible. El problema ha evolucionado de ser meramente vial a convertirse en un fenómeno social que afecta a toda la comunidad.
La motocicleta, por su accesibilidad y versatilidad, ha sido una herramienta de inclusión. Sin embargo, la falta de regulación ha llevado a que se convierta en un factor de desorden.
En ciudades como Santo Domingo y Santiago, la situación se agrava con congestión y una creciente sensación de que las normas son opcionales.
Esto transforma el problema de tránsito en uno de convivencia.
La necesidad de un cambio
Un componente cultural también influye en este fenómeno. Durante años, se ha normalizado el concepto de «son padres de familia», permitiendo que muchos actúen sin consecuencias inmediatas.
Estas transgresiones diarias erosionan el orden colectivo.
Identificar el problema es solo el primer paso. La solución requiere una combinación de medidas, como regulación efectiva y fiscalización constante.
No son suficientes los operativos temporales; se necesita continuidad.
Además, es esencial un cambio en la conciencia ciudadana. La convivencia pacífica no puede lograrse si cada persona interpreta las normas a su conveniencia.
La calle debe ser un espacio compartido donde la vida de los demás depende de nuestras acciones.
Algunos pueden pensar que esta es una batalla perdida, pero no es así. Las sociedades pueden cambiar cuando hay voluntad política, aplicación de la ley y presión social.
Lo que está claro es que continuar como hasta ahora no es una opción, ya que el desorden afecta a quienes intentan hacer las cosas bien.
Te puede interesar...
