Tropas israelíes llevaron a cabo una violenta irrupción este miércoles durante el funeral de dos palestinos en la aldea de Al Mughair, situada a unos 27 kilómetros al noreste de Ramala, en la Cisjordania ocupada.
Según la agencia oficial Wafa, los militares utilizaron munición real, granadas aturdidoras y gas lacrimógeno para dispersar la procesión fúnebre que acompañaba los cuerpos de Aws Hamdi al Nasan, de 14 años, y Jihad Marzouq, de 32.
Testimonios de la Media Luna Roja, autoridades sanitarias de Gaza y residentes locales indican que ambos fallecieron tras un ataque de colonos contra la comunidad.
Investigación en curso
El Ejército israelí confirmó que el incidente está bajo investigación y señaló que el presunto autor de los disparos sería un reservista de la Brigada Binyamin, unidad que opera en la zona.
La policía militar ha abierto una pesquisa y ha retirado el arma al sospechoso. Por su parte, el movimiento israelí Standing Together identificó al colono Shmuel Vandi como responsable del ataque.
Es relevante mencionar que muchos colonos también forman parte de brigadas militares como reservistas activos, lo que complica la distinción entre civiles armados y fuerzas regulares.
Aumento de la violencia
Desde finales de febrero de 2026, los ataques de colonos se han intensificado significativamente en medio de tensiones regionales.
Según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, al menos nueve personas han muerto y decenas han resultado heridas en este periodo.
Datos de la Comisión de Resistencia contra el Muro y los Asentamientos revelan que solo en marzo se registraron 1,819 ataques, concentrados principalmente en Hebrón, Nablus, Ramala y Jerusalén Este.
La organización israelí B’Tselem ha denunciado que esta violencia ocurre con respaldo estatal y en un clima de impunidad, señalando que forma parte de una estrategia sistemática contra la población palestina.
Si se suman las muertes causadas directamente por tropas israelíes, la cifra total de fallecidos en este contexto asciende a 26, reflejando una creciente crisis de seguridad y derechos humanos en la región.

