La pobreza en la República Dominicana es un tema crítico que ha llevado al gobierno a implementar diversos programas de asistencia.
Desde 2004, se han introducido sistemas de subsidios focalizados, con el objetivo de ayudar a los hogares en situación de pobreza.
Uno de los programas más destacados es la tarjeta electrónica “Solidaridad”, que permite a los beneficiarios adquirir productos de la canasta alimenticia básica.
Este programa ha evolucionado con el tiempo, incorporando otros subsidios como el Bono Luz y el Bono Gas.
Inicialmente, el sistema se centró en las áreas con mayor concentración de pobreza extrema. A partir de 2015, se estabilizó en un subsidio de RD$ 850 mensuales por hogar, beneficiando a aproximadamente 840 mil familias.
Transformaciones en los programas de asistencia
El actual gobierno ha continuado con estos programas, renombrando la tarjeta a “Supérate” y ampliando tanto el número de beneficiarios como el monto de los subsidios.
También se han realizado cambios institucionales significativos, como el traslado del Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN) al Ministerio de Economía.
Sin embargo, algunos críticos argumentan que estas modificaciones han debilitado los controles y han permitido un manejo político más discrecional de los programas.
Esto ha generado preocupaciones sobre la efectividad y la transparencia en la distribución de los beneficios.
Los programas de transferencias condicionadas no surgieron de una iniciativa local, sino que son parte de una política global impulsada por organismos internacionales.
Su objetivo ha sido mitigar la pobreza y la desigualdad, que se han exacerbado por políticas de ajuste estructural en décadas pasadas.
La necesidad de nuevas herramientas de medición
Las herramientas actuales para medir la pobreza en el país son limitadas y tienden a subestimar la realidad.
A menudo, se considera a personas en condiciones precarias como parte de la clase media, lo que distorsiona la percepción de la pobreza real.
Es esencial desarrollar un nuevo instrumento de medición que integre diversas metodologías, como el Índice de Pobreza Multidimensional y las Necesidades Básicas Insatisfechas.
Esto permitiría establecer umbrales de pobreza más realistas y efectivos.
Además, se sugiere transformar los subsidios de asistencia social en programas de inclusión productiva. Esto implicaría crear oportunidades para que las familias generen ingresos sostenibles, en lugar de depender únicamente de ayudas temporales.
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