Santo Domingo.- En la antigüedad, el ser humano vivía de manera nómada. Se dedicaba a la recolección de frutos y a la caza de animales.
Esta forma de vida implicaba no tener un lugar fijo donde establecerse.
Con el tiempo, todo cambió cuando el hombre comenzó a cultivar la tierra. Este nuevo enfoque lo llevó a permanecer en un solo lugar, dando inicio a la vida sedentaria.
Así, surgieron las aldeas y oficios como la carpintería, necesarios para construir viviendas.
A medida que la agricultura se consolidaba, también surgió la necesidad de cuidar los sembradíos.
Esto llevó a la formación de ejércitos, cuya misión era proteger las cosechas de tribus cercanas que intentaban robarlas.
Defensa y desarrollo social
Para defender sus territorios, el hombre comenzó a elaborar armas, como flechas, para enfrentar a los invasores.
Este cambio en la vida sedentaria marcó el inicio de un proceso de transformación en la humanidad.
Con el tiempo, las aldeas evolucionaron hacia ciudades más complejas, que incluían sistemas de acueductos.
Este desarrollo permitió una mejor organización social y un crecimiento demográfico significativo.
Investigadores coinciden en que Mesopotamia fue el lugar donde surgieron los primeros asentamientos humanos. En las cercanías de los ríos Tigris y Éufrates, florecieron civilizaciones como los acadios y sumerios, que dejaron un legado arqueológico invaluable.
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