La sociedad dominicana se encuentra consternada tras el asesinato del chofer Deivy Carlos Abreu Quezada en Santiago.
Este trágico suceso ocurrió cuando una turba de motociclistas lo persiguió y lo linchó, causándole heridas mortales con armas blancas.
La procuradora general, Yeni Berenice Reynoso, ha calificado este acto como un asesinato, enfatizando la intención criminal de los agresores.
Aseguró que el Ministerio Público tomará medidas firmes para que los responsables enfrenten la justicia.
La tragedia se agrava por el comportamiento de quienes, en lugar de ayudar a Abreu Quezada, optaron por grabar la situación con sus teléfonos móviles.
Este acto de indiferencia resalta una preocupante falta de empatía en momentos críticos.
Un patrón de violencia
No es la primera vez que grupos de motociclistas atacan a conductores tras accidentes de tránsito, incluso por incidentes menores.
Esta situación ha generado un clima de miedo en la población, ante la creciente violencia de estas hordas.
Es alarmante que el linchamiento de Abreu Quezada ocurriera cerca de una unidad policial, en la explanada del Palacio de Justicia.
A pesar de que la institución afirmó que sus agentes realizaron disparos de advertencia, no se intervino para ayudar al chofer.
La Dirección General de Impuestos Internos (DGII) reporta que hay aproximadamente 3.8 millones de motocicletas en el país, lo que representa el 57% del parque vehicular.
Sin embargo, solo un 0.74% de los motociclistas cuenta con licencia de conducir, lo que evidencia el desorden en el tránsito.
Un llamado a la reflexión
Este horrendo hecho ha dejado a la sociedad dominicana en un estado de alarma, ante la violencia y la delincuencia que la amenazan.
La impunidad y la violación constante de la ley son factores que alimentan esta crisis.
La pregunta que surge es: ¿hacia dónde nos dirigen estos caminos de violencia? La respuesta parece indicar un sendero hacia la anarquía total, un futuro incierto que preocupa a todos los ciudadanos.
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