La República Dominicana ha experimentado un crecimiento constante en lo que va del siglo XXI.
Sin embargo, el camino hacia la madurez económica presenta desafíos que requieren una evaluación más profunda.
Las cifras reflejan una expansión sostenida, con una inversión extranjera robusta y sectores que han aprendido a competir y exportar.
Esta vitalidad ha permitido construir una economía más grande y compleja en comparación con hace una generación.
A pesar de estos logros, persiste una fragilidad menos visible. Según una evaluación del Centro de Competitividad Mundial, la escasa densidad empresarial es un aspecto que merece atención.
El país cuenta con muchas pequeñas unidades, pero pocas empresas medianas que puedan escalar y sostener procesos de transformación.
Desafíos en la inserción internacional
La inserción internacional del país también enfrenta limitaciones. Aunque participa en cadenas globales, rara vez se involucra en los tramos donde se captura valor, como diseño y tecnología.
Aunque se exporta, el país aún no toma decisiones clave en el proceso.
El financiamiento es otro factor que limita el crecimiento. Aunque el sistema bancario es sólido, las altas tasas de interés desincentivan el emprendimiento y la inversión.
Además, el mercado de capitales es incipiente y poco dispuesto a asumir riesgos.
El país ha demostrado que puede crecer, pero el verdadero reto ahora es aprender a sofisticar ese crecimiento sin perder el impulso.
Este es el primer paso hacia la madurez económica.
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