Este martes se conmemoran diez años de la muerte de Prince, el icónico artista estadounidense que transformó el pop, el soul, el rock y el funk.
Fue hallado sin vida en 2016 en su estudio de Paisley Park, Minnesota, tras una sobredosis accidental de fentanilo.
Su fallecimiento a los 57 años impactó profundamente a la industria musical y a generaciones de seguidores.
Prince fue un artista inclasificable, capaz de fusionar géneros y de desafiar las convenciones de la música.
Durante su carrera, incluso cambió su nombre por un símbolo impronunciable en medio de un conflicto con Warner, su discográfica desde 1981.
Este episodio marcó su lucha por el control creativo de su obra.
Legado y crisis de opioides
La causa de su muerte también puso a Prince en el centro del debate sobre la crisis de opioides en Estados Unidos, un problema que ha crecido en la última década.
Sufría dolores físicos crónicos y era dependiente de opiáceos.
Según las autoridades, tomó pastillas que parecían medicamentos comunes, pero que contenían fentanilo, lo que llevó a su trágico desenlace.
Su legado musical es innegable, destacando el álbum «Purple Rain» (1984) como un hito en su carrera.
Prince, conocido como «El artista antes conocido como Prince» entre 1993 y 2000, luchó por mantener el control sobre su música.
Solo recuperó su nombre original tras finalizar su contrato con Warner.
Un ícono cultural
Su vasto catálogo, que incluye 39 álbumes de estudio, sigue siendo objeto de reediciones y lanzamientos póstumos.
La gestión de su legado se ha estabilizado tras años de disputas familiares y legales.
Más allá de su música, Prince se convirtió en un ícono cultural, reconocido por su estética única y su imagen andrógina, que rompió con los códigos de la industria musical de los años ochenta.
Uno de los homenajes centrales será un «sing-along», inspirado en el evento de 2016 donde los fans entonaron sus canciones en las calles.
Su influencia sigue viva, con artistas que lo consideran un referente de independencia creativa.
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