La ciudad de Venecia se prepara para recibir nuevamente al arte dominicano en la Bienal de 2026.
Bajo el lema “In Minor Keys” de Koyo Kouoh, la República Dominicana presentará la exposición “Iván Tovar: Le Retour”.
Este evento marca el regreso del maestro Tovar, quien ya había dejado su huella en 1972.
El surrealismo biomórfico de Tovar resalta la madurez de la identidad visual dominicana. Sin embargo, este regreso plantea interrogantes sobre la permanencia del pabellón nacional en la Bienal.
A pesar del talento existente, la falta de una estructura estable limita la representación continua del país.
La participación dominicana en la Bienal ha sido intermitente, similar a la de países como Ecuador y Paraguay.
Esta situación se debe a una compleja geografía política y a la necesidad de políticas de Estado que prioricen el arte en las relaciones internacionales.
La ausencia de un pabellón nacional permanente refleja la falta de planificación a largo plazo.
Desafíos y oportunidades en la representación cultural
A pesar de los logros en otras disciplinas, como la arquitectura, la República Dominicana aún enfrenta desafíos en áreas como la danza y el teatro.
La falta de una gestión cultural efectiva limita la conexión de los artistas dominicanos con los circuitos internacionales.
La pregunta persiste: ¿cuándo veremos a un curador dominicano liderar una sección en la Bienal?
La Fundación Iván Tovar juega un papel crucial en la proyección del legado del maestro.
Con el respaldo del sector público y privado, la exposición “Iván Tovar: Le Retour” se presenta como un modelo de diplomacia cultural.
Este evento podría ser el inicio de un cambio en la forma en que el país se presenta en el ámbito artístico internacional.
Para avanzar, la República Dominicana debe adoptar un Modelo de Triangulación Institucional. La experiencia de Panamá, que ha logrado establecer un pabellón nacional propio, puede servir de inspiración.
Es fundamental crear un Comisionado de la Bienal con un presupuesto plurianual para asegurar una representación continua y profesional.
Un futuro incierto para el arte dominicano
La exposición de Tovar es un símbolo de esperanza y un llamado a la acción.
Aunque el maestro falleció en 2020, su legado sigue vivo y relevante. La gestión cultural ahora tiene la responsabilidad de decidir si capitaliza este prestigio de forma sostenible o si se retira nuevamente de la escena internacional.
La participación en la Bienal debe trascender lo efímero y convertirse en una política de Estado.
Solo así, la República Dominicana podrá dejar de ser un “turista de lujo” en el mundo del arte y establecer una presencia significativa en la Laguna de Venecia.

