En el ámbito de la política internacional, los gestos pueden tener un peso significativo. La embajadora Leah Francis Campos emitió un mensaje claro y calculado, dirigido a quienes comprenden el poder, mientras que otros prefieren ignorarlo.
La reciente participación de República Dominicana en una cumbre convocada por Pedro Sánchez va más allá de un simple acto protocolar; representa una señal importante en el contexto geopolítico actual.
El gobierno dominicano parece creer que puede navegar entre diferentes ideologías sin enfrentar costos estratégicos.
Esta percepción es errónea y refleja una comprensión ingenua del entorno internacional. La confusión entre la ausencia de firma y la neutralidad es un error que podría tener repercusiones significativas.
El ministro Antoliano Peralta mencionó que “no se suscribió ninguna declaración”, pero en la geopolítica, la presencia en ciertos foros implica un posicionamiento.
Participar junto a líderes como Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro, quienes tienen tensiones con Washington, no es un acto neutral; es una clara señal de apertura hacia un bloque que compite con Estados Unidos.
El mensaje de Washington
La embajadora no solo actuó como comentarista, sino como portavoz de una línea política que trasciende cambios de administración.
El análisis local a menudo subestima la continuidad de las políticas estadounidenses, que están en medio de una reconfiguración más profunda.
Esto incluye una revisión del rol de los organismos multilaterales y un rechazo a marcos globales sobre el control de información.
La polarización interna de República Dominicana también se refleja en su política exterior. La idea de que las cosas volverán a la normalidad al finalizar un mandato es una simplificación que ya no se sostiene.
La cita de Campos sobre ser “tibio” es una advertencia sobre la necesidad de definirse en un contexto donde la ambigüedad puede ser vista como debilidad.
Estados Unidos no se preocupa tanto por las diferencias ideológicas, sino por la incertidumbre que genera la ambigüedad en sus aliados estratégicos.
República Dominicana es clave en temas de seguridad, migración y cooperación en inteligencia. Las señales mixtas enviadas por el país pueden llevar a reacciones progresivas y costos que no se anuncian abiertamente.
Consecuencias de la ambigüedad
Este episodio también plantea un desafío para el Partido de la Liberación Dominicana y Fuerza del Pueblo, quienes han operado con flexibilidad estratégica en el pasado.
Sin embargo, en un entorno polarizado, la ambigüedad se percibe como indefinición, lo que puede ser perjudicial.
Aquellos que aspiren a gobernar deben definir su alineamiento internacional con mayor claridad.
La persistencia en esta ambigüedad puede resultar en consecuencias concretas, como una menor prioridad estratégica y reducción de cooperación en áreas clave.
Estos efectos no se comunican abiertamente, pero se producen, y cuando se hacen evidentes, puede ser demasiado tarde para corregir la percepción.
República Dominicana está actuando como si pudiera equilibrar bloques en conflicto sin repercusiones. La advertencia de la embajadora es clara: la ambigüedad ya no se ve como pragmatismo, sino como debilidad.
La cuestión no es si el país puede diversificar sus relaciones, sino con qué coherencia y a qué costo, ya que la falta de decisión puede llevar a que otros tomen esa decisión por él.
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