Un vehículo siniestrado no solo representa un daño material, sino también un riesgo para la vida humana si no se evalúan adecuadamente sus condiciones antes de ser entregado.
Un chasis doblado compromete la estructura del vehículo, afectando su estabilidad y convirtiéndolo en una amenaza en la vía.
Más preocupante aún es la ausencia de bolsas de aire, que elimina una de las últimas barreras entre la vida y la muerte en un accidente.
Por ello, un vehículo que no cumple con los estándares mínimos de seguridad no debería ser entregado por el taller al asegurado.
No se trata solo de reparar para circular, sino de garantizar condiciones seguras que preserven vidas.
La comercialización de seguros de vehículos ha estado afectada por la gran cantidad de marcas restringidas, pero abrir el mercado sin nuevas exigencias técnicas es irresponsable.
La necesidad de estándares de seguridad
Abrir el mercado es necesario, pero no debe significar flexibilizar la seguridad. Es fundamental asumir nuevas especificaciones adaptadas a las marcas que ahora circulan en nuestras calles.
No todos los vehículos cumplen con los mismos estándares de fabricación ni garantizan los mismos niveles de protección en caso de siniestro.
Las pólizas de seguros suelen aclarar que no son responsables por piezas que no puedan ser suministradas por los proveedores.
Sin embargo, esto plantea una contradicción que merece ser revisada. ¿Qué cubre realmente un seguro contra todo riesgo?
El verdadero riesgo no solo es el accidente, sino también que un vehículo permanezca más de seis meses en un taller por falta de piezas o que sea entregado incompleto, sin elementos esenciales de seguridad.
Si la cobertura de todo riesgo no garantiza que el vehículo será devuelto en condiciones seguras, es necesario replantear su concepto.
Reflexiones sobre la legislación de seguros
La legislación en materia de seguros debe evolucionar. La nueva ley debería contemplar explícitamente aspectos técnicos, estableciendo límites claros sobre qué vehículos pueden ser retornados a sus propietarios tras un siniestro.
Esto no es solo un tema administrativo, sino una cuestión de seguridad vial y responsabilidad social.
Recientemente, se evidenció que los esfuerzos institucionales para prevenir accidentes no serán suficientes si no se corrigen las causas estructurales del problema.
A pesar de los operativos de prevención, la realidad es que nunca será suficiente.
La prudencia no se puede imponer por decreto; debe cambiar la mentalidad de la gente.
Mientras tanto, permitir que vehículos estructuralmente inseguros vuelvan a las calles contribuye al aumento de las estadísticas de accidentes.
Es crucial incluir este tema en los nuevos planteamientos para mejorar el sector asegurador. Si es necesario aumentar el costo del seguro, especialmente en pólizas de todo riesgo, debe hacerse con el propósito de garantizar que la cobertura realmente traduzca en seguridad para el asegurado.
Al final, el verdadero valor de un seguro no radica en su costo, sino en la protección que ofrece.

