La cumbre climática de la ONU, COP31, se lleva a cabo en Antalya, donde representantes de casi 200 países se reúnen hasta el 20 de noviembre para concretar acciones frente al calentamiento global, en un contexto de tensiones sobre financiamiento climático y el abandono de combustibles fósiles, sin la participación del Gobierno de Estados Unidos.
El evento tiene como objetivo transformar compromisos en acciones concretas, con Turquía como presidente formal y Australia liderando las negociaciones. Sin embargo, las diferencias sobre financiamiento y la transición energética podrían limitar los resultados, que se alcanzan por consenso.
Desafíos y financiamiento
El ministro turco de Medio Ambiente, Murat Kurum, destacó que la COP31 debe enfocarse en llevar los compromisos a la práctica, dado el impacto creciente de la crisis climática. Las proyecciones de la ONU indican que el planeta podría calentarse 2.8 grados para finales de siglo si se mantienen las políticas actuales, muy por encima del límite de 1.5 grados establecido en el Acuerdo de París.
La experta en diplomacia climática, Cosima Cassel, advierte que la financiación será un obstáculo crucial, ya que muchos países en desarrollo condicionan sus planes climáticos a la llegada de recursos económicos. Las restricciones presupuestarias en países desarrollados, incluidos los de la Unión Europea, limitan las nuevas aportaciones.
En la COP29 de Bakú, se acordó movilizar al menos 300,000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo hasta 2035, dentro de un objetivo más amplio de alcanzar 1.3 billones anuales. Sin embargo, persisten diferencias sobre quién debe aportar esos recursos y en qué proporción.
Propuestas y resistencia
La presidencia turca, apoyada por Australia, propone elevar al 35% la participación de la electricidad en el consumo mundial de energía para 2035, desde el actual 20%. Esta iniciativa busca conectar la reducción de emisiones con la seguridad energética, aunque requiere grandes inversiones y apoyo para los Estados que no pueden asumir los costos.
A pesar de ser una propuesta menos conflictiva, podría enfrentar resistencia de países productores de petróleo y gas que temen por la demanda de sus exportaciones. La inclusión de la electrificación en la declaración final de Antalya es una de las incógnitas de la cumbre.
La conferencia se desarrolla tres años después de que la COP28 de Dubái acordara una transición hacia el abandono de combustibles fósiles, aunque sin una hoja de ruta vinculante debido a la oposición de productores como Arabia Saudí. Brasil presentó propuestas para acelerar esta transición y frenar la deforestación antes de 2030, aunque estas son voluntarias.
China, junto a India y varios países africanos, llevará a la cumbre el debate sobre aranceles impuestos por la UE a tecnologías limpias, cuestionando medidas como el mecanismo de «ajuste en frontera por carbono». Estas discusiones reflejan las tensiones entre las necesidades de transición energética y las políticas proteccionistas.

