El expresidente Leonel Fernández analiza el impacto del voto joven en la política dominicana, cuestionando si la edad de un candidato es un factor determinante para conectar con las nuevas generaciones. En su reflexión, destaca que la juventud representa una visión del futuro, más que una simple cifra en el calendario. Esto plantea la interrogante sobre quién realmente puede entender y contribuir al desarrollo del país.
Fernández sostiene que no es necesario haber nacido en la misma generación para representar las aspiraciones de los jóvenes. La identificación por proximidad de edad puede facilitar la conexión, pero no asegura coincidencia en ideas ni en capacidad de gobernar. La verdadera renovación política se mide en la capacidad de abrir horizontes, no en la edad del candidato.
Ejemplos internacionales como Bernie Sanders, quien a los 78 años obtuvo el 51% del voto de jóvenes en las primarias demócratas de 2020, demuestran que la cercanía generacional no es suficiente para ganar el apoyo de los jóvenes. Asimismo, Andrés Manuel López Obrador, con 64 años, recibió el 63% de los votos de jóvenes de 26 a 35 años en México en 2018, desafiando la noción de que solo los líderes jóvenes pueden atraer a un electorado joven.
En Brasil, Lula, a los 76 años, logró el 52% de la intención de voto entre jóvenes de 16 a 24 años en 2022, evidenciando que la distancia generacional no impide que un candidato mayor sea preferido por los jóvenes. En contraste, Donald Trump obtuvo el 43% del voto joven en 2024, mostrando que la capacidad de atraer a diferentes generaciones no es exclusiva de una ideología.
Fernández enfatiza que la edad de un candidato no debe ser una barrera entre él y los jóvenes. En lugar de centrarse en cuántos años tiene, es crucial evaluar su conocimiento del Estado, su trayectoria en el poder y sus propuestas para el futuro. Su experiencia como presidente en tres períodos debe ser analizada a la luz de sus logros y fracasos.
Un ejemplo relevante en su gestión es la creación del Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA) en el año 2000, que refleja su compromiso con la formación tecnológica en un país en desarrollo. Además, su interés en temas como la inteligencia artificial y la ciberseguridad demuestra que su visión política abarca más que la mera administración del pasado.
Sin embargo, el reconocimiento de su trayectoria no exime a Fernández de las exigencias actuales. Los jóvenes demandan oportunidades, acceso al conocimiento y un futuro mejor, y tienen derecho a exigir respuestas adecuadas. La relevancia de cualquier liderazgo, ya sea joven o experimentado, radica en su capacidad para adaptarse a las necesidades cambiantes de la sociedad.
Fernández debe demostrar que su experiencia puede traducirse en soluciones efectivas para los desafíos actuales. Además, el “voto joven” no debe ser visto como un bloque homogéneo, ya que existe diversidad de convicciones y trayectorias entre los jóvenes. La política no se reduce a la edad, sino a las ideas y propuestas que se presentan.
Finalmente, la renovación política no se limita al cambio de nombres, sino a la capacidad de generar cambios reales. La experiencia de Fernández puede ser valiosa si se combina con la apertura a nuevas voces y decisiones. Su desafío es demostrar que su legado puede contribuir a un futuro de oportunidades e innovación para la República Dominicana.

