El miércoles 28 de octubre de 2026, dos trenes de alta velocidad colisionaron cerca de Urda, en la provincia de Toledo, España, causando al menos 68 muertes y dejando a decenas de heridos. Este accidente se convierte en el segundo incidente fatal en menos de un año en una red ferroviaria que ha sido un símbolo de orgullo nacional por su desarrollo. Los trenes involucrados eran operados por la empresa estatal RENFE y la compañía privada IRYO, en la línea que conecta Madrid con Andalucía.
La colisión ocurrió cuando un tren impactó la parte trasera de otro que se había detenido, lo que provocó el descarrilamiento de dos vagones. Este choque ha interrumpido los servicios de alta velocidad entre Madrid y Andalucía, generando una gran preocupación en el país. Hasta este año, no se habían registrado incidentes mortales en las líneas de alta velocidad desde su inauguración en 1992.
El primer accidente mortal de este año tuvo lugar el 18 de enero, cuando un tren de Iryo que viajaba de Málaga a Madrid descarriló cerca de Adamuz y chocó con un tren de Renfe que se dirigía a Huelva, resultando en 46 muertes y más de 100 heridos. Las investigaciones preliminares sugirieron que una fractura en el riel fue la causa del descarrilamiento.
Además, el 20 de enero, un tren de cercanías se accidentó cerca de Gelida, en las afueras de Barcelona, tras el colapso de un muro de contención durante fuertes lluvias, dejando un saldo de una persona fallecida y 41 heridas. Este accidente ocurrió solo dos días después del desastre en Adamuz, lo que llevó a la suspensión de los servicios de cercanías Rodalies en Cataluña.
Por último, el 12 de febrero, un tren de pasajeros que viajaba de Madrid a Badajoz embistió un automóvil en un paso a nivel cerca de Talavera de la Reina, resultando en la muerte del conductor del vehículo, aunque ninguno de los 206 pasajeros a bordo del tren resultó herido. Este incidente también causó interrupciones en el tráfico ferroviario, obligando a organizar transporte de reemplazo para los pasajeros.

