El uso indebido de fármacos inyectables para adelgazar entre adolescentes se ha vuelto una preocupación creciente, especialmente con el uso de medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida. Estos medicamentos, aunque aprobados para ciertos casos, no están indicados para jóvenes con peso normal que buscan verse más delgadas.
La semaglutida está autorizada en Estados Unidos desde 2022 para adolescentes a partir de 12 años, pero solo en casos de obesidad, mientras que la tirzepatida fue aprobada este año para niños a partir de 10 años, pero únicamente para tratar la diabetes tipo 2. Su uso para la pérdida de peso en adolescentes aún está en estudio.
La adolescencia es un periodo crítico para el desarrollo físico, donde se forma la mayor parte de la masa ósea y muscular. Los medicamentos que reducen el apetito pueden llevar a una ingesta insuficiente de nutrientes esenciales, aumentando el riesgo de deficiencias nutricionales.
Además, este periodo es propenso al inicio de trastornos de la conducta alimentaria. Los adolescentes que enfrentan dificultades con la alimentación pueden ver en estos fármacos una forma de evitar comer sin ser notados, lo que puede llevar a problemas graves como la anorexia.
Un estudio reciente publicado en JAMA Psychiatry reveló que casi un tercio de los encuestados con trastornos alimentarios había utilizado estos medicamentos, y uno de cada diez admitió haberlo hecho de manera indebida.
Los padres juegan un papel crucial en esta situación. Al facilitar a un adolescente un medicamento para adelgazar sin supervisión médica, se envía un mensaje dañino sobre la aceptación del cuerpo. Este mensaje puede tener un impacto más profundo que cualquier efecto secundario del medicamento.
Si un adolescente está preocupado por su peso, la solución no es recurrir a inyecciones, sino mantener una conversación abierta y buscar la evaluación de un profesional. Es fundamental que los adultos apoyen a los jóvenes en cuidar su salud en lugar de enfocarse en cambiar su apariencia a cualquier costo.

