La situación económica en Cuba se agrava debido a las sanciones impuestas por Estados Unidos, que buscan presionar al gobierno cubano pero que afectan principalmente a su población. Esta asfixia económica se manifiesta en la escasez de combustibles, alimentos y medicamentos, complicando aún más la vida diaria de los cubanos. Mientras tanto, Washington clama por libertad, pero sus acciones contradicen este discurso al mantener mecanismos coercitivos que agravan las privaciones de millones.
Las sanciones de la administración de Donald Trump han dificultado las operaciones financieras y el comercio en Cuba, exacerbando las dificultades de abastecimiento. Los apagones y la precariedad en los servicios son resultado de múltiples factores, pero las restricciones externas intensifican estos problemas. La crítica a estas políticas no es solo una cuestión de justicia, sino una defensa de los derechos humanos de los cubanos.
La lucha por la soberanía
La historia de Cuba está marcada por una larga lucha por la independencia, desde los tiempos de Carlos Manuel de Céspedes hasta José Martí y Antonio Maceo. Estos héroes nacionales lucharon por el derecho de Cuba a decidir su propio destino, un principio que sigue siendo relevante en la actualidad. La resistencia cubana ante el colonialismo español ha dejado una huella profunda en la conciencia nacional.
Venezuela también enfrenta las consecuencias de las sanciones y la confrontación con Estados Unidos, reflejando una realidad similar a la de Cuba. En un mundo donde las grandes potencias actúan según sus intereses, el derecho internacional parece ser opcional para los poderosos y obligatorio para los débiles. Esta doble moral resalta la necesidad de una defensa firme de la soberanía de todas las naciones.
La responsabilidad de la crítica
La memoria histórica de República Dominicana, marcada por la ocupación estadounidense, subraya la importancia de defender la soberanía y la no intervención. La cercanía con Washington debe ser acompañada de dignidad y firmeza, no de obediencia. Defender la autodeterminación de Cuba y Venezuela es un acto que también protege la soberanía dominicana.
La crítica responsable tiene un costo, pero el silencio ante el abuso solo allana el camino hacia la impunidad. La democracia requiere periodistas que investiguen, ciudadanos que cuestionen y gobernantes que rindan cuentas. La adulación nunca ha sido un valor cívico, y la razón y la solidaridad son esenciales para combatir la sumisión.
Criticar al poder en República Dominicana y denunciar la asfixia económica en Cuba son acciones que se basan en un mismo principio: la dignidad humana debe prevalecer sobre cualquier poder. Quien oprime a un pueblo también pone en riesgo su propia credibilidad.

