El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció que restablecerá la «alianza histórica» con Israel y trasladará la embajada colombiana de Tel Aviv a Jerusalén a partir del 7 de agosto, cuando asuma el poder. Esta decisión fue confirmada tras una reunión en Washington entre el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, y el futuro canciller colombiano, Omar Bula Escobar.
El acuerdo incluye el intercambio inmediato de embajadores, la eliminación recíproca de visas y el inicio del proceso para abrir la embajada en Jerusalén, con el apoyo de las autoridades israelíes. De la Espriella también se comprometió a revertir la ruptura de relaciones diplomáticas que realizó el presidente Gustavo Petro el 1 de mayo de 2024, como respuesta a la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza.
El presidente electo destacó que Colombia volverá a ser un aliado confiable en el ámbito internacional y fortalecerá los vínculos políticos, diplomáticos y estratégicos con Israel. La hoja de ruta acordada también implica un cambio en la postura de Colombia en organismos internacionales, como la ONU.
Además, el nuevo Gobierno retirará la participación de Colombia en el proceso impulsado por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia, al que se había adherido la administración Petro. Antes de la ruptura, Israel era considerado un socio clave de Colombia en seguridad, tecnología y cooperación militar.
La decisión de trasladar la embajada generó una rápida reacción de Gustavo Petro, quien la calificó como una falta de respeto hacia los pueblos islámicos y sus creencias. La Organización para la Cooperación Islámica (OCI), que agrupa a 57 países, también condenó la medida, advirtiendo que podría afectar las relaciones de Colombia con los países islámicos y contradecir resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el estatus de Jerusalén.
Este restablecimiento de relaciones con Israel representa un cambio significativo en la política exterior de De la Espriella, marcando un giro respecto a la línea diplomática de Petro. La decisión reabre el debate sobre el reconocimiento internacional de Jerusalén y el equilibrio diplomático en el conflicto entre Israel y Palestina, un tema que sigue generando divisiones en la comunidad internacional.

