En un contexto de incertidumbre global y tensiones geopolíticas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que los países de América Latina deben priorizar el crecimiento económico para enfrentar los choques externos cada vez más frecuentes. José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Cepal, enfatizó la necesidad de que todos los gobiernos, independientemente de su ideología, enfoquen sus esfuerzos en este objetivo.
Salazar-Xirinachs explicó que sin un crecimiento robusto, los gobiernos no podrán recaudar los fondos necesarios para implementar redes de protección social efectivas, lo que afectaría a las poblaciones más vulnerables. La Cepal señala que la región se encuentra en una «trampa de baja capacidad para crecer», con un crecimiento promedio de solo el 0,9 % entre 2014 y 2024, lo que se considera una «década perdida».
Para 2025, se proyecta un crecimiento del 2,4 %, mientras que para este año se espera una expansión del 2,2 %, aunque esta cifra podría ajustarse a la baja si persisten las tensiones entre Estados Unidos e Irán. El economista costarricense subrayó que la región debe reactivar su crecimiento desde adentro, sin depender exclusivamente de la mejora en los mercados globales o en los precios de las materias primas.
Salazar-Xirinachs también advirtió que es poco probable que se repita un «boom de los commodities» similar al de 2003-2013, cuando China experimentó un crecimiento del 9 % al 10 %. A su juicio, es fundamental que los gobiernos y el sector privado colaboren de manera más efectiva, adaptándose a las nuevas realidades del comercio internacional.
A pesar de que América Latina y el Caribe están menos expuestos a los conflictos en el golfo Pérsico que otras regiones, las repercusiones del conflicto se sentirán a lo largo del año. La Cepal indicó que, aunque se produzca una reducción de las hostilidades, no habrá una normalización inmediata de las condiciones económicas.
El informe destaca que el aumento en los precios de los fertilizantes, cruciales para la agricultura, puede tardar meses en reflejarse en los costos de producción y en los precios de los alimentos. Salazar-Xirinachs explicó que algunos choques, como el de los precios del petróleo, son inmediatos, mientras que otros, como los de los alimentos, presentan un rezago significativo.
El impacto de estas dinámicas es desigual entre los países de la región. Aquellos que exportan más petróleo y gas, como Guyana, Venezuela y Colombia, podrían beneficiarse de mayores ingresos fiscales, mientras que los importadores netos enfrentarán desafíos significativos. En el escenario base del informe, con precios energéticos un 25 % superiores a los de 2025, la balanza comercial de América Latina y el Caribe solo mejoraría en un 0,05 % del PIB.
Centroamérica, Haití y la República Dominicana enfrentarían un deterioro conjunto equivalente a 0,9 % del PIB, y los países caribeños sin exportaciones de hidrocarburos perderían 0,5 puntos. En América del Sur, aunque el resultado agregado podría ser positivo, naciones como Chile y Perú verían un aumento en sus costos energéticos, según la Cepal.

