El merenguero Eddy Herrera criticó la tendencia de la industria musical dominicana de reconocer a los artistas solo tras su fallecimiento, cuestionando si el éxito póstumo refleja un fracaso colectivo. Herrera destacó que, mientras los artistas están vivos, muchos luchan por mantener su relevancia y espacio en los medios, a pesar de haber contribuido significativamente al patrimonio musical del país.
La industria musical a menudo prioriza lo novedoso y viral, dejando de lado a aquellos que han trabajado durante años en su carrera. Cuando un artista fallece, sus éxitos son redescubiertos y celebrados, lo que genera una reflexión sobre la falta de reconocimiento en vida. La situación de artistas como Alex Bueno y Rubby Pérez ilustra esta contradicción, donde la emoción colectiva tras una pérdida provoca un redescubrimiento de su legado.
Herrera se pregunta por qué esperar a que un artista muera para valorar su obra, señalando que esta no es una situación nueva. Casos como el de Charlie Amarante y Yóskar Sarante evidencian que la música de estos artistas solo recibe atención significativa tras su fallecimiento, lo que resalta una costumbre que se repite a lo largo del tiempo.
La responsabilidad de este fenómeno no recae únicamente en las emisoras de radio, sino también en las plataformas digitales, productores y el público. Muchas veces, se consumen homenajes con más entusiasmo que la música de los artistas en vida, lo que crea una paradoja dolorosa: lloramos la ausencia de quienes no siempre apoyamos cuando más lo necesitaban.
El filósofo Immanuel Kant argumentaba que las personas deben ser tratadas como un fin en sí mismas. Este principio invita a reflexionar sobre cómo la muerte de un artista se convierte en un fenómeno de consumo, donde el dolor genera audiencia y la nostalgia produce rentabilidad. La industria musical a menudo se beneficia más de la ausencia de los creadores que de su presencia, lo que merece ser cuestionado.
Además, existe un componente social que explica este comportamiento. La muerte provoca emociones intensas y un deseo colectivo de rendir homenaje, pero esto no debe sustituir el reconocimiento continuo. Como decía Friedrich Nietzsche, el valor de una cultura se mide por lo que decide honrar, y celebrar a los artistas solo tras su muerte envía un mensaje desalentador a quienes siguen creando.
La cultura de un país no debe construirse sobre homenajes tardíos, ya que esto puede transmitir la idea de que el reconocimiento depende más de la tragedia que del talento. Esta práctica desestimula la creación y debilita la memoria cultural, lo que afecta el compromiso con quienes enriquecen el patrimonio artístico nacional.
Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en este desafío. La programación de la música de los artistas dominicanos no debería depender de aniversarios luctuosos, sino que debe ser constante para fortalecer la identidad nacional y preservar la memoria colectiva. Las plataformas digitales también deben revisar sus criterios de recomendación, evitando que la tragedia sea el motor de la visibilidad artística.
El llamado de Eddy Herrera es una invitación a cambiar nuestra conducta colectiva. Reconocer el talento en vida es un acto de justicia y responsabilidad cultural, y la mejor manera de honrar a los músicos es apoyarlos mientras continúan creando. Los aplausos más valiosos son aquellos que el artista puede escuchar y agradecer en vida, ya que el reconocimiento tardío nunca sustituirá la satisfacción de saber que una nación valoró a tiempo a quienes le regalaron su historia musical.
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