Los países desarrollados «inflaron» aproximadamente 100,000 millones de dólares en la financiación climática que proporcionaron a naciones de ingresos bajos y medios, según un estudio de la ONG española Oxfam Intermón. En 2024, estos gobiernos movilizaron cerca de 137,000 millones de dólares para ayudar a los países en vías de desarrollo a reducir emisiones y enfrentar los impactos del cambio climático.
Sin embargo, Oxfam señala que 69,000 millones de dólares, equivalentes al 65% del total, se entregaron en forma de «préstamos», lo que no representa un apoyo financiero real y agrava la deuda de los países en desarrollo. La financiación climática real, según el informe, se situó entre 33,000 y 45,000 millones de dólares, lo que implica una diferencia de alrededor de 100,000 millones de dólares respecto a lo declarado por estos gobiernos.
Este aumento en la sobreestimación supera la cifra de 88,000 millones de dólares reportada en 2022, según el mismo estudio. En el caso de España, Oxfam indicó que en 2024 solo aportó entre un 8% y un 12% de los 1,768 millones de dólares que declaró para la financiación climática, lo que equivale a entre 140 y 220 millones de dólares.
La financiación climática declarada por España en 2023 y 2024 consistió en un 85% de préstamos y otros instrumentos financieros reembolsables, lo que la convierte en uno de los países con menor proporción de subvenciones respecto al total aportado. Marina Paoli, responsable de política climática de Oxfam, criticó la situación, afirmando que los países ricos están creando una ilusión de solidaridad mientras ofrecen mucho menos de lo que afirman.
Paoli también destacó que, en lugar de ayudar a los países más pobres a enfrentar una crisis que no provocaron, los países ricos los empujan más hacia la deuda mediante préstamos en condiciones comerciales. «Es una cruel ironía: los más responsables pagan menos e incluso obtienen beneficios, mientras que los menos responsables pagan más», añadió.
Oxfam instó a que en la COP31 los países ricos deben aumentar drásticamente la financiación climática basada en subvenciones y cumplir con los compromisos asumidos. La ONG calculó el «valor real» de la financiación climática al estimar la proporción no reembolsable de los fondos aportados, descontando los préstamos comerciales y las sobreestimaciones de los fondos declarados.
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