Desde el año 2020, en República Dominicana han muerto casi mil ciudadanos en lo que se han denominado «intercambios de disparos», una cifra que no incluye a Darlin Mercado Reyes, quien fue abatido ayer en el sector de Herrera. Esta situación se produce en un contexto donde se ha gastado una considerable suma de dinero en la supuesta reforma de la Policía Nacional.
La Real Academia de la Lengua define «intercambio» como la «acción de dar y recibir», lo que sugiere que la Policía ha sido más generosa en estos casos, entregando un 98.7% más de vidas de las que ha recibido. Esta realidad plantea la necesidad de reconsiderar el término «intercambio de disparos», ya que resulta difícil aceptar que se pueda entregar tanto sin recibir nada a cambio.
Los «intercambios de disparos» en el país han alcanzado niveles alarmantes, comparándose con situaciones de guerra, y se han vuelto más frecuentes que durante el régimen de los doce años de Balaguer. Este fenómeno ha normalizado la muerte en la sociedad, donde ver caer a una víctima se ha vuelto tan común como cenar en familia.
La situación actual obliga a cuestionar a los responsables de la reforma policial sobre su comprensión del término «intercambio». La falta de claridad en la comunicación a la población sobre las circunstancias que llevan a la Policía a utilizar su arma de reglamento es preocupante.
La Policía Nacional parece haber adoptado una postura más agresiva y violenta, lo que lleva a preguntarse en qué ha consistido realmente la reforma. La especialización de los agentes en estos «intercambios de disparos» plantea dudas sobre la calidad de la formación recibida.
Es inconcebible que en solo seis años se hayan registrado casi mil muertes en estos incidentes sin que la población reciba explicaciones claras. La percepción es que el uso de la fuerza letal se ha normalizado, ignorando que el homicidio es un delito grave.
Las estadísticas son alarmantes: en 2024 se registraron 277 abatidos por la Policía, en 2025, 170, y en 2026, 146, sin contar a Darlin Mercado Reyes. Este aumento del 16% en las muertes en los primeros seis meses de este año es un indicador preocupante.
El Gobierno debe reconsiderar su enfoque en la formación de la Policía si desea frenar esta carnicería y continuar promoviendo el turismo en el país.

