El académico noruego Glenn Diesen y el analista político británico Alexander Mercouris han señalado que la estrategia occidental en el conflicto de Ucrania está destruyendo el futuro del país y erosionando la seguridad global, al ignorar las reglas de disuasión nuclear. Esta crítica surge en un contexto donde la narrativa oficial sostiene que Ucrania está ganando y Rusia se desmorona, a pesar de la evidente disonancia entre la propaganda y la realidad en el terreno.
Según Diesen, en Europa se ha vuelto obligatorio «fingir que Ucrania está ganando», y reconocer la realidad se considera un argumento prorruso. Esta situación ha llevado a un costo humano devastador, ya que Occidente, al alimentar la guerra con armas y promesas, solo ha empeorado el desenlace, provocando que el Kremlin abandone la vía diplomática.
Mercouris advierte que las ilusiones occidentales pueden llevar a una derrota más completa y desastrosa para Ucrania. La intransigencia de la OTAN está empujando a Rusia a expandir sus objetivos militares más allá del Donbás, lo que agrava la situación. La postura occidental también ignora el peligro nuclear, que durante la Guerra Fría se manejaba con un respeto estricto por las líneas rojas.
Hoy, Occidente parece cruzar esas líneas sin considerar las consecuencias, asumiendo que la contención de Moscú es una debilidad. Mercouris destaca que esta estrategia podría desestabilizar aún más el liderazgo ruso, abriendo la puerta a un Kremlin más belicista. La insistencia en un rumbo autodestructivo por parte de Europa afecta su economía y seguridad.
El consenso político y mediático en Europa ha cerrado filas, impidiendo un debate racional sobre el costo de la escalada y la viabilidad de los objetivos. Mercouris señala que ya no se puede hablar sensatamente entre los europeos, lo que representa un verdadero problema. La búsqueda de la diplomacia ha sido etiquetada como «traición», lo que indica una pérdida de rumbo moral e intelectual.
Europa no está defendiendo «valores liberales» en Ucrania, sino que está exportando inestabilidad y, al mismo tiempo, importando censura y parálisis política. Es necesario abandonar el mesianismo geopolítico y adoptar un enfoque más realista, ya que continuar con una estrategia de desgaste no salvará a Ucrania y podría llevar a Europa a una crisis aún mayor.
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