La ética de la castración cuestiona la meritocracia en la sociedad, según reflexiones sobre la desigualdad económica y social. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, en su libro El precio de la desigualdad, señala que el 90% de quienes nacen pobres mueren pobres, mientras que el 90% de los que nacen ricos permanecen en la riqueza, independientemente de su esfuerzo. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la verdadera naturaleza de la meritocracia.
En una conversación reciente, se recordó cómo el protestantismo, especialmente el calvinismo, ha sido utilizado para justificar la riqueza como un derecho divino. Este tema ha sido explorado por autores como Jonathan L. Walton y Michael Sandel, quien en La tiranía del mérito critica la idea de que el éxito se logra solo a través del esfuerzo personal.
La necesidad de que los colaboradores de los ricos actúen éticamente en sus funciones es fundamental. Un empleado que ha trabajado arduamente para ascender puede ser inflexible, pero su preocupación por la salud de su jefe suele estar ligada a la continuidad del trabajo. Esto refleja una dinámica en la que la ética se ve comprometida por la necesidad de mantener la riqueza.
En la serie Juego de Tronos, el Banco de Hierro ilustra cómo las instituciones financieras no aportan en tiempos de crisis, sino que esperan para cobrar deudas. Este paralelismo se observa en conflictos reales, como la guerra con Irán, donde los grandes bancos y empresas energéticas se benefician sin participar directamente en el conflicto.
Mientras tanto, el 90% de la población enfrenta dificultades fiscales en muchos países, luchando por sobrevivir. La ética de quienes sostienen este sistema se pone en entredicho, ya que contribuyen a un entorno que asfixia a los más vulnerables. La reflexión sobre la meritocracia y la ética en la economía sigue siendo un tema relevante en la actualidad.

