Dos barcos islandeses han comenzado este sábado la caza de ballenas, tras una pausa de dos años, según informó la televisión pública de Islandia. Este país, junto con Noruega y Japón, es uno de los pocos en el mundo que aún practica esta actividad con cetáceos amenazados.
En 2024, la entonces ministra de Agricultura, Bjarkey Olsen Gunnarsdóttir, no autorizó la caza hasta después del inicio de la temporada, lo que llevó a su suspensión. El año pasado, la industria ballenera enfrentó problemas económicos y no se consideró rentable, por lo que no se realizaron salidas al mar.
Sin embargo, este año no hubo obstáculos y uno de los barcos, el Hvalur 9, zarpó del puerto de Reikiavík con un manifestante en su mástil, en una acción de protesta que recuerda a las realizadas en 2023. El activista intentó impedir la salida del barco, pero tuvo que descender en Hvalfjörður antes de que el buque se adentrara en el océano.
La organización animalista Hvalavinir ha convocado una protesta contra la caza de ballenas para mañana domingo en el puerto de Reikiavík. Este movimiento refleja la creciente oposición a esta práctica en la nación isleña.
Este año, el Instituto de Investigación Marina de Islandia recomendó reducir en un 20% las cuotas de caza, sugiriendo no superar los 150 ejemplares de rorcual común y 168 de rorcual aliblanco o minke, debido a la baja población censada.
La ministra de Industria y Comercio, Hanna Katrín Friðriksson, anunció en abril su intención de presentar un proyecto de ley para prohibir la caza comercial de ballenas de manera definitiva. Esta propuesta podría marcar un cambio significativo en la política de conservación de la fauna marina en Islandia.
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