La emprendedora dominicana Mitchelle Cobb ha transformado su enfoque para evaluar socios y colaboraciones tras enfrentar problemas por confiar en personas equivocadas. Este cambio se basa en la pregunta: ¿Lo que hacen coincide con lo que dicen?
Cobb, de 34 años, ha estado construyendo proyectos en el ámbito del emprendimiento desde Miami. Recuerda un episodio específico donde depositó su confianza en profesionales que le generaron problemas, lo que resultó en una pérdida no solo económica, sino también emocional.
En lugar de desarrollar desconfianza generalizada, Cobb optó por ajustar su método de evaluación. Actualmente, considera cuatro variables clave: valores, consistencia, historial y energía. Aunque no siempre en el mismo orden o proporción, la ausencia de cualquiera de estos factores le lleva a decidir no avanzar en una colaboración.
La relevancia de estos factores se respalda en estudios sobre alianzas empresariales. Un informe de KPMG indica que las colaboraciones más exitosas a largo plazo son aquellas en las que los socios comparten no solo objetivos de negocio, sino también valores y métodos de operación en situaciones de tensión. La claridad de roles y la consistencia entre promesas y entregas son fundamentales para la continuidad de una colaboración.
Las conclusiones de Cobb se alinean con estos análisis, aunque su enfoque se deriva de experiencias personales. “Ahora actúo con estrategia y mentalidad. Analizo, ajusto y priorizo. Pero sobre todo, mantengo la calma, porque las decisiones tomadas desde el miedo rara vez son correctas”, afirma.
El miedo es un tema recurrente en su discurso sobre decisiones y colaboraciones. Una mala experiencia puede llevar a reacciones opuestas: algunos evitan asociarse nuevamente, mientras que otros apresuran decisiones para no perder oportunidades. Cobb propone una alternativa que implica observar más, hacer preguntas y dedicar tiempo a evaluar antes de comprometerse.
El cambio en su enfoque no implica una negativa a trabajar con otros, sino una mayor dedicación a la observación antes de decidir. A menudo, hay personas con discursos bien elaborados que no resisten un examen más profundo, mientras que otras, aunque no se presentan adecuadamente, tienen un historial sólido. Esta distinción, según Cobb, no siempre es evidente en la primera conversación.
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