Mario Vargas Llosa, en un artículo de agosto de 2011, reflexionó sobre la realidad de la religión tras la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, donde cientos de miles de jóvenes se reunieron en torno a la fe. A través de su columna “Piedra de Toque” en el diario El País, el autor reconoció que la religión no estaba destinada a desaparecer, como muchos intelectuales habían sostenido durante décadas.
El artículo, titulado “La fiesta y la cruzada”, se publicó el 28 de agosto de 2011 y marcó un giro en la percepción de Vargas Llosa sobre la religión. Durante gran parte del siglo XX, se había proclamado que la religión sería reemplazada por el progreso científico y educativo, pero la masiva participación de jóvenes en Madrid demostró lo contrario.
Vargas Llosa admitió que la realidad había desmentido las teorías de la secularización, señalando que los jóvenes que asistieron a la jornada no eran grupos marginales, sino universitarios y profesionales de diversas partes del mundo. Este fenómeno contradecía las predicciones de la desaparición de la fe religiosa.
En su artículo, el autor expresó: “Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos del éxito de la visita del Papa a Madrid”, lo que evidenció un reconocimiento de un error histórico más amplio en la narrativa intelectual de la época. La magnitud del evento le obligó a reconsiderar su postura sobre la religión y la secularización.
Vargas Llosa destacó que el problema de muchos intelectuales contemporáneos no radica en su ateísmo, sino en su tendencia a reducir al ser humano a dimensiones económicas o políticas, ignorando su necesidad de trascendencia. La historia ha demostrado que las ideologías seculares no han logrado satisfacer las preguntas fundamentales sobre la existencia humana.
Durante su tiempo como Embajador de la República Dominicana ante la Santa Sede, Vargas Llosa observó la vitalidad de la Iglesia Católica en todo el mundo, lo que contradecía las teorías sobre su inminente desaparición. A pesar de las predicciones de ocaso, millones de personas continuaban participando en actividades religiosas.
La realidad de la fe se hizo evidente en Madrid, donde la multitud de jóvenes desmintió la narrativa de la secularización. Vargas Llosa, al reconocer este hecho, se enfrentó a la ceguera que puede generar una ideología dominante que filtra la realidad a través de prejuicios.
La visita de León XIV en 2026 no debería sorprender, ya que la experiencia de 2011 fue una rectificación de las creencias culturales de Vargas Llosa. La realidad, al final, siempre termina desenmascarando las ilusiones y teorías que no se alinean con la experiencia vivida por las personas.
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