Cada 7 de junio, México conmemora el Día de la Libertad de Expresión, una fecha establecida en 1951 por el presidente Miguel Alemán Valdés y reforzada en 1976 con la creación del Premio Nacional de Periodismo. Este día busca resaltar la importancia de manifestar ideas y acceder a información sin censura, un pilar fundamental de cualquier sociedad democrática.
No obstante, la realidad en México presenta un panorama preocupante. La libertad de expresión, protegida por los artículos 6 y 7 de la Constitución y el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se ve amenazada por la violencia, la censura indirecta y la desigualdad estructural.
México, territorio hostil para la prensa
Según Reporteros Sin Fronteras (RSF), México ocupa el lugar 122 de 180 en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2026. Aunque ha avanzado dos posiciones respecto al año anterior, este cambio refleja más el deterioro global que una mejora interna.
El caso de la periodista Roxana Guzmán, secuestrada en Veracruz, ilustra la extrema vulnerabilidad que enfrentan los profesionales del periodismo en el país.
El informe anual de Artículo 19 señala que las amenazas hacia los periodistas han evolucionado, y ya no se limitan a la violencia física, lo que erosiona el derecho de los ciudadanos a estar informados y crea un entorno de control político encubierto.
Mujeres periodistas: doble vulnerabilidad y triple jornada
Las mujeres periodistas son las más afectadas por esta crisis, enfrentando una doble vulnerabilidad que combina la violencia contra la prensa y la discriminación estructural. La violencia de género en el periodismo mexicano refleja las desigualdades persistentes en la sociedad y la falta de reconocimiento de las contribuciones femeninas al debate público.
El Día de la Libertad de Expresión en México no debe ser solo una efeméride simbólica, sino un recordatorio de que el periodismo se ejerce en condiciones de riesgo y desigualdad. La libertad de expresión es un derecho que garantiza la democracia y la rendición de cuentas.
Hoy, México enfrenta el desafío de convertir esta conmemoración en un compromiso político y ético. Solo así, la palabra libre podrá ser un motor de justicia y democracia, evitando que informar se convierta en un acto heroico en un contexto de violencia e impunidad.

