Moscú, 4 jun (EFE).- Las elecciones parlamentarias en Armenia, programadas para el 7 de junio, están generando un inusual interés internacional debido a las tensiones con Rusia por las aspiraciones del país de unirse a la Unión Europea (UE). Los principales actores que observan de cerca el resultado son Rusia, Estados Unidos y la UE, así como Azerbaiyán, Turquía e Irán.
Desde la disolución de la Unión Soviética, Armenia ha sido el aliado más cercano de Rusia en el Cáucaso Sur, albergando una base militar rusa y manteniendo vínculos culturales y económicos significativos con Moscú. Sin embargo, las relaciones se han deteriorado desde 2020, tras la inacción de Rusia durante la guerra en Nagorno Karabaj y las incursiones azerbaiyanas en territorio armenio.
Como resultado, Ereván decidió congelar su participación en el bloque militar postsoviético y ha comenzado a diversificar su cooperación militar, adquiriendo armamento de países como Francia e India. Esta estrategia es un cambio notable en comparación con la política de años anteriores.
En el ámbito político, Armenia ha buscado nuevas alianzas, acercándose a Bruselas y Washington. Aunque el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, ha insistido en que sus acciones no buscan perjudicar los lazos históricos con Rusia, muchos analistas dudan de que la relación pueda mejorar en el futuro.
La victoria del gobernante Contrato Cívico en las elecciones podría consolidar la política de diversificación de relaciones de Armenia, alejándola aún más de la influencia rusa. La UE y Estados Unidos, que anteriormente habían estado al margen de los procesos en el Cáucaso Sur, han comenzado a prestar más atención a la región, considerada durante mucho tiempo como el patio trasero de Rusia.
A medida que la importancia de la región crece, Bruselas ha desarrollado relaciones pragmáticas con Azerbaiyán, que es un proveedor clave de gas para Europa, y ha establecido vínculos estrechos con Georgia, que firmó un acuerdo de asociación con la UE y recibió el estatus de candidato para la adhesión al bloque.
A pesar de esto, Georgia congeló temporalmente las negociaciones de adhesión, lo que llevó a Bruselas a cancelar la financiación destinada al país. En este contexto, Armenia se presenta como un aliado natural de Europa en el Cáucaso, a pesar de su complicada situación geográfica.
El acercamiento entre Bruselas y Ereván ha llevado a Armenia a aprobar una ley para iniciar el proceso de adhesión a la UE. Además, Estados Unidos ha mostrado interés en la región al facilitar un preacuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán y gestionar una ruta clave en el sur de Armenia, que permitirá un nuevo tránsito de mercancías sin pasar por territorio ruso.
Azerbaiyán está atento a las elecciones en Armenia debido a su impacto en el proceso de normalización entre ambos países, el cual podría verse amenazado si fuerzas opositoras, que se oponen a renunciar al territorio de Nagorno Karabaj, asumen el poder. La oposición armenia advierte que, tras la pérdida de Karabaj, el país podría perder su soberanía debido a la política de sus vecinos túrquicos.
Según medios azerbaiyanos, una victoria de la oposición armenia podría desencadenar reclamaciones territoriales hacia Bakú y potencialmente llevar a un nuevo conflicto en la región. Sin embargo, las relaciones de Armenia con Georgia e Irán no se espera que sufran cambios significativos, independientemente del resultado electoral.
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