Expertos en medio ambiente advierten sobre los peligros de los árboles tóxicos e invasores en Santo Domingo, destacando que la elección adecuada de especies arbóreas es crucial para el bienestar urbano. La falta de criterios técnicos en la siembra de árboles ha llevado a problemas de salud y daños al medio ambiente en la capital dominicana.
Desde el año 2010, una colaboración entre la Alcaldía del Distrito Nacional, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (Jica) y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) resultó en la publicación del libro “Árboles de Santo Domingo”, que clasifica las especies recomendadas y aquellas que deben ser reemplazadas por su impacto negativo.
El ingeniero agrónomo Moisés Montero Gómez y el ambientalista Domingo Contreras enfatizan la necesidad de un plan técnico de arbolado urbano. Montero Gómez señala que la siembra de árboles debe considerar factores como el tamaño de la raíz, la resistencia a la sequía y el espacio disponible.
Entre las especies cuestionadas se encuentra la acacia amarilla, conocida por su fragilidad, y el laurel o ficus, que puede causar daños a infraestructuras si no se mantiene adecuadamente. También se menciona la jabilla extranjera y la leucaena o leucocéfala, esta última considerada una de las especies invasoras más problemáticas del país.
Contreras advierte sobre la toxicidad de la casuarina, especialmente en áreas cercanas a hospitales, y critica la arborización de las décadas de 1980 y 1990, que introdujo muchas especies no nativas. Montero Gómez agrega que las especies adecuadas deben ser resistentes a las altas temperaturas y a la contaminación, sin dañar las aceras ni las tuberías.
Entre las especies recomendadas se encuentran el arreiján, el caimoní y la guáyiga, así como árboles de mayor tamaño como el gri gri y la caoba, que no solo son ornamentales, sino que también tienen un valor económico significativo.
Ambos expertos coinciden en que la ciudad necesita aumentar la siembra de árboles adecuados y eliminar las especies dañinas para mejorar el equilibrio ambiental. Montero Gómez destaca que el exceso de pavimento y la reducción de áreas verdes son problemas críticos que afectan la calidad de vida en Santo Domingo.

